Entrevistas


Después de hacer el amor, me doy cuenta de que todo puede ser perfecto en la vida. - Revista Gente (28/01/2003)



A los 25 años, se convirtió en una de las coloradas más ardientes y populares de la tele. Ahora es una gitana junto a Osvaldo Laport. El fin de semana estuvo en Mar del Plata con su novio desde hace ocho meses. Dice que por ahora no piensa en formalidades ni hijos.

Después de hacer el amor, me doy cuenta de que todo puede ser perfecto en la vida.

Ojos verdes, tez blanca. Arenas blancas, mar verde. Una conjunción de complementos al borde de lo perfecto, eso es Romina Gaetani (25), quien llega a la playa de La Caseta Coca-Cola sola (bueno... casi sola, unos pasos más atrás aparece un hombre pisando su misma huella). Ella se acerca y en broma se presenta como Isabel Salvatori, el personaje que hace en Soy Gitano. "Me comprometí tanto con este papel que me puse a leer libros sobre quiromancia, a tomar clases de flamenco y hablé con algunos gitanos, para poder entenderlos más". No puede (o no quiere) evitar bailar antes de cada foto. Durante la entrevista intenta adivinar la pregunta que vendrá.

-Ya sé, ¿Vos querés saber quién es ese hombre?

-¿Ahora es adivina...?
-Bueno, si te contesto como Isabel, te digo que ese hombre está marcado en las líneas de mi mano desde que nací y no me une a él ningún lazo de sangre sino de amor.

-¿Y si me contesta como Romina Gaetani?
-Te puedo contar que se llama Diego Suárez, es marplatense y es mi novio. Que es el director de Malandras. Que nos conocimos cuando grabé dos unitarios de Tiempo Final. Salimos, nos divertimos y nos pusimos de novios. Todo fue tan bueno y rápido, que hoy tengo casi toda mi ropa en su casa de Nuñez.

-¿Y en las líneas de su mano ve que con este hombre se va a casar y tener hijos?
-Ojalá. A mi me ven como una mujer fatal, pero yo soy muy Susanita, de Mafalda. Me gustaría formar una familia grande con muchos hijos, pero por ahora los dos estamos muy metidos con nuestro trabajo...

-Muchos artistas buscan que sus parejas no sean del medio, para poder respirar un poco y hablar de otros temas.
-Nos encanta tener la misma pasión y frecuencia. Comentamos los trabajos del otro, nos corregimos, nos ayudamos, y aunque en marzo vamos a competir en horario, entre nosotros no hay rivalidad.

Prende un cigarrillo Gitanes, dice que los compró en el kiosco porque no estaban los que ella acostumbra a fumar, pero es otro guiño más, donde el personaje le gana y se vuelve a imponer. Entonces se contonea como en un movimiento flamenco y se mira en el reflejo de un vidrio.

-Cuando se mira en el espejo, ¿Qué ve reflejado?
-Una grossa (se ríe a carcajadas y aclara). Diego no deja de decirme que soy una grossa, una masa. No soy de esas mujeres que pasan horas frente al espejo a la espera de una respuesta. Conozco muy bien mi cuerpo.

-Eso, su cuerpo... ¿Le preocupa mucho?
-No. sé que vivo de mi imagen y por eso cuido mi cuerpo.

-¿Se hizo alguna cirugía estética o le gustaría hacérsela?
-De chica me obsesionaba mi nariz y me la quería operar, pero mis viejos me aconsejaron que no porque iba a perder mi personalidad. Hoy les estoy agradecida. Igual nunca confesaría si me hice o no alguna cirugía, me parece horrible la confesión de esas mujeres que cuentan sus pasos por el quirófano.

-¿Y qué cosas le parecen horribles de los hombres?
-Los hombres no son horribles, sino algunas de sus actitudes. Por ejemplo, que ellos no se detengan en los pequeños detalles. Por suerte Diego se detiene, me mira y sabe perfectamente lo que quiero. Hay días en que hacemos el amor con Diego, y yo me pongo a llorar de emoción; y entonces me doy cuenta de que nadie es tan horrible y todo puede ser perfecto, o casi perfecto, en esta vida.

Revista Gente (28/01/2003)