Entrevistas


A fuego lento - Revista Planeta Urbano (03/2003)


Es una de las protagonistas de Soy Gitano y dueña de una belleza singular. Tiene 25 años, es de Aries y dice que la felicidad la encuentra en la simpleza de las cosas. Retrato de una mujer que solo quiere jugar.

El día de esta nota, en todos los ascensores, taxis y rincones de Buenos Aires se decía lo mismo: "¡Qué calor!, ¿no?". A las tres de la tarde, los 44 grados se sensación térmica hacían que todo fuera imposible. La ciudad era algo semejante a un chicle caliente y pegajoso y en Palermo Viejo los perros no tenían fuerzas ni para ladrar. En medio de lo que parecía el fin del mundo, apareció ella, regalando bocanadas de aire fresco, feliz, apurada pero tranquila. Como si viniese de otro lugar, tan ajeno como envidiable. No está mal, entonces, empezar por las claves de Romina Gaetani para obtener eso que todos llamamos felicidad: "Creo que uno la consigue cuando está, sobre todo, bien con uno mismo y bien con las personas que uno quiere. Uno puede escribir un libro entero para explicar qué es la felicidad. Pero no es algo difícil de lograr, creo que hay que aprender a encontrarla en las cosas sencillas y en los gestos cotidianos. Trato de decirles todos los días a quienes quiero, que los quiero, trato de mirar a los ojos y conectar con el otro y estar viviendo el hoy y el ahora, no pensando qué tengo que hacer en dos horas. Intento estar totalmente consciente de que la gente que quiero está sana y encontrarles el lado positivo a las cosas. Tengo que valorar que hoy estoy acá, haciendo una nota... ¿Cuántas veces quise o soñé que me hagan una nota o estar trabajando en esto? Y hoy me pasa y soy feliz". Esos sueños nacieron hace 25 años en San Martín. De su más tierna edad recuerda que lo único que quería era jugar: "Tengo recuerdos buenos de esos tiempos, iba a un colegio mixto municipal en San Martín. Era bien de barrio, de la época donde uno podía jugar en la calle y andar en bicicleta tranquilamente. Me gustaba jugar a lo que sea, si había que trepar árboles, trepaba árboles, pero también jugaba a las muñecas".

Un día fueron de una radio de San Martín (donde trabajaba mamá Gaetani) a pedirles opinión a varios chicos sobre política. "Yo, que tenía no más de siete años, me acuerdo que hablaba como si fuese una estrella y no paraba. Me acuerdo como si fuera hoy", cuenta. Esos quince minutos de fama precoces encendieron una mecha y el tiempo hizo lo que sabe hacer. La bola empezó a rodar y mientras se descontrolaba imitando a Rafaella Carrá pensó, dijo y sostuvo hasta el fin que lo suyo era la actuación. Los Gaetani son una familia tipo de clase media: papá productor de seguros, mamá ama de casa y hermano mayor, arquitecto y compinche. "Papá en algún momento tocó la trompeta y es muy fanático del jazz, de hacer conferencias y estar en audiciones de radio. Por suerte, cuando les fui a decir que no quería seguir una carrera universitaria, sino ser actriz, no fueron prejuiciosos y me ayudaron para que fuera a una buena escuela de teatro. Creo que ese apoyo fue fundamental", analiza.

Mucho apoyo familiar, pero las cosas no se daban y Romina se cruzó con Mister Perseverancia, un señor que parece antipático, pero que en el fondo es bueno. "Me cansé de rebotar en castings de todo tipo. Trabajaba de promotora y hacía eventos, desfiles, fotos. Eso de "persevera y triunfarás" es mi frase de cabecera. Si uno realmente tiene un sueño y un objetivo hay que trabajar para conseguirlo, porque las cosas solas no vienen. También hay una ayuda y alguien de arriba que nos da una mano, ¿no?"

El de arriba le dio una mano y no desaprovechó los momentos que le llegaron porque "uno arriesga y creo que eso es lo que vale la pena". Un bolo en Verano del 98, otros en Verdad/Consecuencia y Trillizos, después Chiquititas y la bola se hizo imparable: Buenos Vecinos, Tiempo Final, Yago, el año pasado en Mil Millones y ahora rompiendo moldes interpretando a Isabel, la vidente de Soy Gitano, la nueva apuesta fuerte de Pol-ka.

Sin embargo cree que todo se dio en su carrera en el momento que se tuvo que dar. "Y ahora está pasando lo mismo, no fue una cosa que se dio de un día para el otro. Yo empecé teatro con Cibrián y tenía 17 años. Las cosas se dieron con un ritmo, ni muy rápido ni muy lento. Por suerte tuve una continuidad de trabajo y eso es muy bueno. Mi carrera siempre fue en ascenso, gracias a Dios".

-¿Por qué te gusta actuar?
-Adoro actuar porque me gusta seguir jugando. Como en el barrio, pero con otra magia. La experiencia que yo tuve en teatro donde hice un musical (David, el rey, de Pepe Cibrián Campoy) fue impresionante. Sentía salir del cuerpo, porque es una energía. Vivís ciento por ciento lo que está pasando. Es un ritual.

-¿Sos consciente de la popularidad que adquiriste?
-Fui cayendo y creo que todavía no caí del todo. Cuando empecé en Chiquititas, fue de un día para el otro. Era tal el estrés y las 18 horas de grabación, que vivía adentro de un estudio y no tenía contacto con la gente. No salía. Me agarró una especie de fobia y no podía salir de mi casa. No me quedaban ganas para cambiarme y salir. La fobia obviamente viene por los miedos. Creo que uno va tomando conciencia de que es alguien público y de alguna manera tiene que estar siempre bien, no podés darle vuelta la cara a alguien que te viene a saludar o a decirte algo de tu trabajo. Por lo menos tenés que estar predispuesto a una buena respuesta. Hay un punto donde lamentablemente uno pone el piloto automático para responder, pero cuando me doy cuenta trato de cortar rápidamente, porque no me gusta. Por eso prefería quedarme en casa y no tenía buena energía para recibir comentarios o críticas buenas y malas.

El amor en los tiempos del cólera

En la Argentina faltan pocas semanas para elegir un nuevo presidente. Los candidatos nos sonríen desde los afiches callejeros y aparecen hasta en la sopa diciéndonos como nos van a solucionar nuestros problemas. "No tengo ninguna ideología política", dice Gaetani, firme y con bronca. "Es un tema en el que prefiero no explayarme. Porque hablar por hablar no me gusta. Y como no soy una entendida prefiero dejar que hablen los que saben. No estoy de acuerdo con lo que está pasando. Estoy muy enojada con toda la gente que gobierna en este país, porque es un país riquísimo, que puede estar mucho mejor. Sufro como todos el hambre, porque viví hasta hace tres meses a tres cuadras de una villa y tengo amigos y un hermano desocupado y lo vivo diariamente. No tengo idea de a quién votar. Tengo 25 años y estoy indignadísima; hasta el día de hoy jamás pude votar porque nunca me encontré en los padrones. Hice los trámites que tenía que hacer pero no me encontraron en las listas. Nunca mi país me dio la posibilidad de votar. Yo creo que no hay que desligarse, no me gusta eso de votar en blanco, porque cada uno tiene que ser responsable". Ahí tienen a una chica indignada.

En cambio, su cara se transforma cuando le hablan de amor. Vive en pareja con un director de Tiempo Final que conoció mientras grababa e capítulo La despedida. "Creo que todo el mundo funciona mucho mejor estando enamorado. A mí me pasa y creo que cuando una persona está enamorada, está en la plenitud de un montón de cosas. Y eso es bárbaro, una sensación más que agradable". Aunque la fama sea nueva, ella ya sabe cómo funciona la maquinaria perversa que se hace llamar "prensa del corazón": "Estoy bien con él. Hace poco que estamos. Pero en las últimas notas siempre pusieron cosas que yo no dije, así que ahora no voy a hablar de mi relación".

Según el diccionario de la Real Academia Española, el miedo es una "perturbación angustiosa del ánimo ante un peligro real o imaginario". "Siempre escuché que el miedo paraliza y que había que sacarlo afuera. Hoy creo que además del amor, el miedo también contribuye a mover al mundo. Tengo miedos, como todos en este planeta. Miedo a crecer, a madurar, a ir sorteando piedras e ir creciendo con cosas buenas y malas que la vida te va poniendo en el camino. Eso a mí me genera miedo y al mismo tiempo me genera desafío", dice Gaetani. Y le creo.

Revista Planeta Urbano (Marzo 2003)