Entrevistas


Cuando quiero puedo ser una mujer sexy - Revista Quien (22/04/2003)


La actriz de Soy Gitano atraviesa su mejor momento profesional. Y también sentimental. Ya convive con su novio, Diego Suárez.

Antes de besa a galanes como Gabriel Corrado, Facundo Arana, Gustavo Bermúdez u Osvaldo Laport, Romina Gaetani (26) fue promotora, modelo y primera princesa del concurso Miss Universo. Sus rasgos, su piel blanca, sus curvas y sus ojos verdes la llevaron a esas dos alternativas que tanto tienen que ver con la estética. Sin embargo, ella se parece mucho al común de las mujeres en un punto: no se encuentra particularmente atractiva, ni sexy, ni infartante, ni todos esos motes que se le atribuyen. Pero esta visión personal de Romina no es la de la gente. Mientras charlábamos con ella, la entrevista se interrumpió por lo menos quince veces con el saludo, el beso y el pedido de autógrafos de la gente. Y más que nada con la frase: "Mi marido te ama, le encantás".

- A las pruebas me remito: con tu papel en Soy Gitano generás muchas fantasías en el público masculino.
Puede ser, pero no sé si eso tiene que ver con la imagen o con lo que transmite el personaje. Isabel es encantadora. Es una mezcla de niña y adolescente, caprichosa por momentos, que se convierte en una mujer madura y fogosa en otros. Además es cocinera, y viste que la comida es muy erótica. Aparte, creo que los gitanos son una raza que genera incógnita, curiosidad y por eso puede resultar atrayente.

- ¿Te sentís una mujer sexy?
Me veo yo, Romina. No me pongo el rótulo de ser sexy, ni de nada. Como toda mujer, cuando quiero ser sexy o angelical, lo soy. Tengo que tratar de cubrir todos esos roles porque soy actriz. Pero yo no me vendo como sexy.

- Dicen que las pelirrojas general algo especial.
¡No! El único cambio es que, en lugar de morocha, en la calle me dicen colorada (se ríe). Sanders es el responsable del cambio de look, que Suar no apoyaba tanto. El prefería que siguiera con el pelo oscuro de Mil Millones. Pero no me siento más sexy ahora.

- ¿Por qué el look "piel blanquísima"? ¿Es por elección o por cuidarte del sol?
Me gusta el sol, pero no tomo mucho. La blancura me encanta, me parece sensual, y sobre todo para este personaje. Pero así como me ves, para tener bien la piel, debo ocuparme bastante.

- ¿Con las comidas?
Si, pero además estoy haciendo un tratamiento con el equipo de Susana Noguera par cuidar la piel, porque a veces el estrés me hace salir sarpullido, como el que tengo ahora. Pero ellas son unas grossas y me sacan todo.

- ¿Es sacrificado necesitar tanto de la imagen?
Un poco. Ojo, me cuido y tengo mis momentos en los que como de todo. Si no me cuido, engordo, así que tampoco puedo zafarme mucho. Pero lo hago a conciencia y relajada, por la salud. Si tengo ganas de comer, como. Si mi profesión fuera la de ser modelo, me fijaría más en la dieta. Trato de hacer la tarea lo mejor posible, pero no soy una enferma. Me critico y también me gusto. Sé que hay cosas que podría tener mejor, pero no tengo tiempo de entrenar todos los días. Trabajo, estudio y tengo que dormir; en algún momento tengo que dormir, por favor (se ríe).

- Vos minimizás lo exterior, pero por algo fuiste premiada en el concurso Miss Universo.
Ay, sí. Me río muchísimo porque no lo puedo creer. Estaban locos cuando me eligieron. Te cuento. Antes de empezar a trabajar como actriz era promotora, y con esa plata pagaba mis estudios de teatro y hacía desfiles de vez en cuando. Y en uno me vieron y me dijeron: "Che, me parecés bárbara para que nos representes".

- ¿Entonces?
Y fue bárbaro, viajé dos veces, salí primera princesa y después segunda. Me da tanta risa.

- ¿Por qué?
Porque nunca me creía nada. Ella fue, feliz de la vida con la valijita, a divertirse (dice de sí misma). Y miro así a lo lejos, y pienso que me tendría que haber divertido todavía más. Había unas mujeres di-vi-nas. Decíamos: "Maten a las venezolanas", porque no se puede creer los minones que son.

- ¿Pasarías por el quirófano para cambiarte algo?
Por un retoque sí, sobre todo en esta profesión. Te puede ayudar a estar mejor. No soy partidaria de que te cambien la cara. También hay que asumir la edad que uno va teniendo. Hay actores que se han hecho la cara entera, y decís qué lástima, porque la expresividad no la recuperan más. Y para un actor, eso es lo peor.

- Hay muchos actores que adquieren hasta una especie de fobia a la gente, por el asedio.
Yo no llegué al extremo. Sí te digo que antes iba a un shopping y me podía quedar cuatro o cinco horas tranquilamente. Ahora voy dos, y ya no me banco. Hay un componente de fobia. Con la gente tengo la mejor, pero te pasa que anímicamente no siempre estás bien como para recibir comentarios del a gente, por más que sean buenos. Trato de ser lo más natural posible, de no armarme un personaje con la gente. Me gusta comunicarme, mirar a los ojos cuando estoy con alguien, y si me detengo a hablar, realmente trato de hacerlo de corazón. Trato de escuchar, de no poner piloto automático, y decir gracias automáticamente.

- ¿Sentía tu casa como un refugio?
Si, pero normal, como siento que le debe pasar a todo el mundo hoy por hoy. Llego, me baño, me pongo el pijama, miro tele, estudio las escenas para el otro día, o voy a canto o a flamenco. Trato de relajarme. Hago meditación y trato de leer sobre el tema, música, sahumerios.

- ¿Ya estás viviendo con tu novio?
Si, me mudé hace muy poco. Como siempre digo, primero pasamos por esa etapa de traspaso de cremas y champúes. ¿Qué te puedo decir? Estoy de novia y muy bien pero mirá mi cara diciendo "No tengo muchas ganas de hablar del tema".

- ¿Por qué no querés hablar de tu noviazgo?
Soy consciente de que abrí la boca y hablé de mi relación. Pero ahora quiero resguardar más mis cosas. Estoy aprendiendo a manejar cuánto cuento de mi intimidad.

Romina conoció a Diego Suárez grabando para un capítulo de Tiempo Final. El era el director, pero la impactó antes de presentarse y de contarle quién era. El nombre del novio de la actriz se presta a confusión. Ella está enamorada de un Diego Suárez que no es el notero de Mauro Viale.

- Cuando dijiste que salías con Diego Suárez, mucha gente pensó que hablabas del periodista de Mauro.
Una vez me confundí. Estaba en el camarín, y de repente escuché que Diego Suárez estaba discutiendo con no sé quién. Me asomé enloquecida y dije "¿Con quién está discutiendo mi novio?". Pero nada que ver, era el periodista.

- ¿Estás muy enamorada?
Si, colgadísima, tratando siempre de sorprender a la otra persona, divirtiéndonos juntos pasándola bien.

- ¿Cómo les va en estos primeros tiempos de convivencia?
El estar en pareja es todo un tema, y más en el momento en que vivimos, donde estás a mil trabajando doce horas por día. Llegar a casa y tratar de bajar los decibeles para conectar con el otro, dejar el egoísmo de lado para compartir. Es un trabajo arduo.

- Qué opinaron tus padres de que te fueras a vivir con tu novio sin casarte?
No les cae mal. Mis viejos no son prejuiciosos. No fueron prejuiciosos ni con este laburo. Me ayudaron siempre. Son abiertos. Obviamente, los padres quieren seguir estando y está bárbaro, hasta un punto, obvio. Cuando me fui de mi casa, vi las cosas de otro lugar, las virtudes y los defectos.

- ¿Y cómo te manejás con las cuestiones domésticas?
¡Soy una grossa! (se ríe) Siempre digo lo mismo, y van a pensar que soy una mina con un re ego. Sucede que soy muy exigente conmigo. Me encanta ocuparte de la ropa, de lavar, de cocinar, de la casa.

- ¿Te ocupás de todo esto cuando volvés de trabajar?
Ahí es donde me quejo de mi autoexigencia. Pienso: "Me tengo que relajar, de última, pedimos comida y ya está". Pero no, quiero cocinar, y ningún churrasquito: algo complicado.

- ¿Lo vivís como una presión, como algo que tenés que resolver?
De alguna manera, sí. Uno tiene que aprender a exigirse, pero hasta un punto. Esto lo digo en voz alta, y me lo digo a mí misma. Porque lo tengo que internalizar, viste.

Para ayudarse con esto y con todos los flancos débiles, Gaetani hace terapia transpersonal desde hace un mes. Le parece una técnica "alucinante", porque se medita y se charla con el terapeuta, pero sobre todo, porque le da excelentes resultados. Busca básicamente, relajarse "y dejar que las cosas fluyan, que el destino haga lo suyo".

- Tu personaje lee las manos, ¿alguna vez te tentaste por conocer más sobre el futuro y te las hiciste leer?
Si, muchas veces.

- ¿Acertaron?
Eso depende de cómo lo mires. Si te sugestionan, pueden lograr que lleves tu vida hacia un lugar y después pienses que dieron en la tecla. Creo que el destino lo va construyendo uno todo le tiempo, con una ayuda del de arriba. Los problemas los solucionás vos. Para mí las cartas, la lectura de manos o la figura que queda de la vela quemada son un juego. Creo que hay gente que sabe hacerlo y otra que simula saber.

- ¿Tenés buena relación con tus compañeros de Soy Gitano?
Si, con todos. Lamentablemente, uno vive tan a mil que no se da mucho el tiempo como para construir una amistad.

- ¿Eras admiradora de la gente con la que hoy trabajás?
Si, de Arnaldo André. Es un sueño estar a su lado.

- ¿Cómo hacés para besar en la novela y que las sensaciones no lleguen al resto del cuerpo? Muchas parejas de ficción terminan saliendo de verdad.
Algunos no separan y otros sí. Nunca me enamoré de alguien a quién besé en la ficción. Te puede pasar que sientas algo. En este momento estoy en pareja y estoy bárbara. Si me pasa, ya es grave. Más allá de que soy muy divertida con mis compañeros, cuido mucho esos momentos. Si tengo que grabar intimidad, como los personajes teniendo relaciones o simplemente un beso, busco cuidar al otro, y a mí.

- ¿Qué significa cuidar al otro en una escena de intimidad?
No faltarle el respeto, no exponerlo. Es importante hablar las escenas antes, preguntarle si hay algo que le puede llagar a molestar.

- ¿Y quién besa mejor?
Jamás te lo diría. Todos besan diferente y todos lo han hecho muy bien. ¿Mi novio, celoso? No. De todas formas, hay que manejar el tema. El que conoce el paño, tal vez está más alerta, por que sabe que hay mucho contacto. Mi viejo es productor de seguros, y cuando me ve, dice: "¡Mirá la nena, qué me van a decir los clientes mañana!", y se agarra la cabeza.

Hasta hace un año, Romina seguía tomando colectivo y subte. Pero a partir del protagónico en Soy Gitano y de los 22 puntos de rating que promedia la tira, el reconocimiento es mayor. "Ocurre que antes, por el horario de la tarde iba a un público más puntual. Ahora, en horario central, le llegás a toda la familia", explica mientras firma el 15º autógrafo, con la misma amabilidad con la que firmó el primero.

Revista Quien (22/04/2003)