Entrevistas


Es un verdadero placer trabajar con Laport - Revista Ahora (02/06/2003)


Antes de actuar, Romina Gaetani era promotora y sabe del esfuerzo “de salir temprano para los castings y volver con el bolso cargado de ropa”. A punto de mudarse a un luminoso tres ambientes, no quiere hablar de su amor en la vida real: Diego. “Ya aprendí”, asegura. Cuenta que ahorra “porque la actuación es inestable” y con respecto a las eróticas escenas de “Soy gitano”, dice: “Desnudarse en tiras es un trabajo delicado”.
El cabello del color del vino cayéndole sobre sus hombros blanquísimos. El, perturbado, le espeta: “¿Estás segura?”. Entonces, en primeros planos los torsos desnudos, las miradas intensas se cruzan y las caricias exploran sus cuerpos. En “Soy gitano” y en una secuencia de imágenes superpuestas se vio días pasados el encuentro sexual entre Amador e Isa. Con sus 25 años, Romina Gaetani, la mala de “Mil millones” convertida hoy en gitana consecuente y pasional, habla sobre su nuevo personaje, cómo es trabajar junto a Osvaldo Laport y revela que, si bien su desnudo“fue un escaloncito más en mi carrera”, la verdadera protagonista del culebrón más visto en la tevé argentina no es otra que su archirrival en la ficción, Julieta Díaz.
Pero a diferencia de la temperamental Isa, en la vida real Romina prefiere mantener su relación con Diego Suárez, director de “Malandras”, bajo siete llaves. Un conjuro para ahuyentar los rumores de separación.
–¿Cómo fue filmar la tórrida escena con Laport?
–¡Uy! Me hizo transpirar. Desnudarse en tira es un trabajo delicado. “Soy gitano” es un producto muy cuidado, pero sus tiempos son tan veloces como la tira. No me interesó que la escena la hiciera un doble y una vez hablada con los directores y Osvaldo me quedé más tranquila. Abajo estaba en ropa interior y en los pechos tenía una especie de cinta scotch que se usa para cubrir la piel. Así fue… sacándose la ropita (risas), como Isabel se entregó incondicionalmente al hombre que ama.
–¿Sentiste pudor? ¿Vergüenza?
–Sentí mucha vergüenza. Pero después me relajé y gocé (risas). Y con Laport nos reíamos muchísimo al punto que a veces se interrumpían las escenas.
–¿En la vida sos tan pasional como en la ficción?
–Soy pasional en todo. En mi laburo y con la pareja demuestro lo que siento. Siempre se notan mis estados de ánimo. Soy hipertransparente y muy impulsiva. Ahora intento mandarme menos y darle espacio a la intuición, que es más sabia.
–¿Por qué Isa seduce las 24 horas?
–Isabel se valora muy poco. Por eso está al lado de un hombre que la descalifica. En Amador busca un referente masculino, necesita que la quieran y cuida de una madre que es bastante infantil. Isa seduce por los cuatro costados: desde la niña-mujer inocente y a veces muy ciega e inmadura, porque no quiere aceptar que ese hombre está enamorado de otra persona, hasta la mujer pasional que sabe con qué armas cuenta para seducir.
–¿Y en la pareja tomás la iniciativa o esperás que el caballero avance?
–Soy medio antigüita y a veces no. Prefiero que el hombre avance, pero también me gusta compartir los gastos. Que el caballero pague todo… me pongo en su lugar, se rompe el alma trabajando y es bueno compartir el esfuerzo y los gastos. Este es mi costado de mujer moderna.
–¿Te sentís más atractiva con tu look de gitana?
–Me siento muy bien con el cambio. Parte del enriquecimiento de Isabel y Romina se lo debo a Alberto Sanders. Al personaje le aportó un look muy copado. Y en la vida estoy súper relajada. Las extensiones son fijas e impecables. Te peinás, te lavás y hacés tu vida.
–¿El look te lo impusieron o lo elegiste vos?
–Se me ocurrió a mí y lo comenté con Suar. El me dio libertad para decidir lo que yo quisiera y a Sanders le encantó la idea.
–Contra todos los pronósticos la pareja con Laport funciona bien. ¿Cómo es la química entre ustedes?
–Existe un libro que marca una relación… mi personaje y el de Laport están pensados para encajar de esa manera. Quizá la clave sea divertirse uno, tratar de no aburrirse y sacar cosas nuevas. Si transito el drama intento sacar también elementos de comedia. Al ser una tira, las historias se tornan a veces repetitivas y laburar con Osvaldo me divierte muchísimo. Sé que el placer es mutuo. Por momentos las escenas salen improvisadas porque los dos nos sentimos relajados y dispuestos a jugar. ¡Somos muy mandados!
–¿Cómo es trabajar con un galán fornido y musculoso como Laport? ¿Cuál es la diferencia con Bermúdez y Facundo Arana?
–Los tres están muy bien físicamente. Pero más allá de sus cualidades, todos se encuentran hipercasados y en esos casos yo bajo automáticamente la persiana. Hasta ahora lo pude hacer. ¡Mañana te cuento! (risas).
–Con tu desnudo ¿creés que ganaste espacio en la tira?
–A nivel profesional y como ser humano fue un escaloncito más. Me encuentro más afirmada y la prueba de ello es la comodidad que siento al trabajar. Además, el contacto con Osvaldo y Julieta Díaz, a quienes admiro muchísimo, con Betiana, de la que aprendo todos los días, o Grimau y todo el elenco me ofrece un crecimiento diario.
–A propósito de Julieta Díaz, se habló de su enojo. Habría amenazado con irse de la tira porque dice que ella es la protagonista.
–Me sorprende la noticia. Julieta es la protagonista. Ella fue llamada para hacer ese papel y de esta camada de jóvenes actores me parece una de las más talentosas. Lo digo de corazón. Cuando se cerraba el casting para la novela y me dijeron que ella era la protagonista me puse muy contenta. Más de una vez ponía “099 Central” para ver su laburo, que era de la hostia. Para este año está ternada como mejor actriz de reparto y ojalá gane el Martín Fierro.
–¿Y a vos cuánto te costó llegar a este lugar?
–Costó, más allá del esfuerzo de salir a la mañana temprano para los castings y volver a la noche con el bolso cargado de ropa… La mayor demanda es mantener el estado anímico en alto porque en este trabajo vivimos muy expuestos. A veces te dicen en la cara que no servís, que estás gorda o flaca y te tratan como un número más. Es necesario estar con los pies en la tierra para que nada te afecte. No faltó el productor que me dijera: “No me da el personaje porque no me gusta la nariz”…
–¿En esas circunstancias en quiénes te apoyaste?
–En mi familia y en la terapia. Mis viejos siempre me dieron mucho amor y respaldo.
–Hablemos de las cosas del querer. ¿Diego Suárez se separó de Romina?
–¿Quién dijo que se separó?
–Ha salido publicado.
–Prefiero no hablar de él. Uno va aprendiendo en esta carrera. Si bien de mi boca ha salido que tengo una relación con Diego, me hago cargo de eso porque soy la responsable. Pero hablar de mi vida privada me llevó a encontrar notas donde han dicho cosas que nunca declaré. Quizás inocentemente uno dice que está bien, o que ahora estoy mudándome y quiero comprar mi casa y te hacen agregados horribles.
–¿Por ejemplo?
–Hubo un título que decía que lloraba de emoción cuando hacía el amor. Toda la nota fue alrededor de eso. Sólo respondí a la pregunta de qué cosas me emocionan de la vida y yo dije quién no se emociona cuando hace el amor.
–¿Pero estás con Diego o no?
–Ya aprendí, de eso no voy a hablar.
–¿Con quién vivís?
–Mitad en lo de mis viejos y mitad sola. Estoy en medio de una mudanza y muy contenta.
–¿Cómo es el departamento donde te estás mudando?
(Risas) –¡Es divino! Es un lindo departamento luminoso de tres ambientes.
–¿Sos amiguera?
–No demasiado. De mi entorno artístico, con Patricia Sosa continuamos una amistad que nació en “Chiquititas”. Pato tiene un corazón enorme, es un ser humano luminoso y lleno de amor, una mina de fierro que está en todo momento. La quiero incondicionalmente.
–¿En qué invertís el dinero que ganás en Pol-ka?
–Lo ahorro. Mi proyecto es tener mi propio techo, pero una nunca sabe qué pasará con esta profesión. Quizás el día de mañana no tenga trabajo y deba destinar ese dinero para vivir.
–El tiempo que estás con tus viejos, ¿cómo lo compartís?
–Mis padres viven en Martínez. El es un fanático del jazz, productor de seguros y muy protector. Mi vieja es ama de casa y lo ayuda en su laburo. Los dos me apoyaron en cada uno de mis cambios. Antes de actuar era promotora y hacía algunos desfiles. Cuando decidí ser actriz fueron mis mejores consejeros. Con ellos vive mi hermano arquitecto, de 34 años. Lamentablemente este país no le da la oportunidad de vivir de su profesión. Pero por suerte trabaja en la escenografía de “Zorba, el griego”, la obra que produce Romay.

–Por último, ¿Romina Gaetani tiene su página en Internet?
–¡Sí! La hizo una fan, Ludmila. Y por medio de ella me llegan mails de Israel, de Rusia, donde se ven las novelas. La verdad, estoy muy agradecida con la buena onda que me tiran.

Revista Ahora (02/06/2003)


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