Entrevistas


En el Santa Ana quemaba tachos, era la Cholito - Clarín Zonal (10/07/2003)


Romina Gaetani vivió hasta el año pasado en San Andrés. Y cuando puede vuelve para ver a sus amigas del colegio.

Ni siquiera el par de anteojos espejados que Romina Gaetani (26) se puso para la nota logra ocultar sus ojazos verdes, el rasgo más felino de su cara. Junto a Julieta Díaz y Osvaldo Laport, protagoniza la novela Soy Gitano.

Lejos de los sets de filmación, la chica de las curvas que marean es una piba de barrio. Conoce de memoria las calles de San Andrés y Villa Ballester, donde aprendió a andar en bicicleta, hizo el secundario y hasta viajó al colegio en una línea de colectivos que su mamá Cuqui peleó para el Partido: “Viajaba desde mi casa, en la calle 47 (ex-chaco), hasta el instituto Santa Ana con el colectivo 691, que hizo poner mi mamá especialmente, juntando firmas en el barrio”, cuenta orgullosa. Pero esa suerte de micro escolar duró menos de lo esperado, porque el colectivo pasaba por la puerta de una villa y después de varios asaltos, la empresa decidió sacarlo.

Por esa sensación de inseguridad, junto a su papá Carlos, contador, y su hermano Leonardo (30), que es escenógrafo, Romina dejó con cierta tristeza el barrio hace casi un año, para mudarse a la zona norte del Gran Buenos Aires. Sin embargo, su historia está guionada en San Martín, “donde siempre vuelvo para verme con Mariela, Natalia, Piojo y Analía, las amigotas del secundario”, afirma.

Con ellas tiene recuerdos inolvidables como las salidas en San Martín a Soultrain y Pío Baroja, las clases de gimnasia en el Sportivo Ballester y los panchos del 46, “que son los mejores, obvio. Iba siempre después de una jornada traqueteada de bailar, y desayunábamos panchos”.

De vuelta en el barrio, la mujer de extensiones coloradas y más de 1,70 metro, se presta a una sesión de fotos en la estación San Andrés. Las vecinas la cruzan y le suplican detalles del desenlace entre la cocinera Isable y el Gitano Amador Heredia. Los hombres, en cambio, dejan pasar uno, dos y hasta tres trenes con tal de verla posar seductora frente a la vulnerable lente del fotógrafo de Clarín Zonal.

Lo que ella siente, mientras altera el gris de las vías, es diferente. “En este lugar tomaba religiosamente el tren para ir a los castings en Capital. Tenía un re-viaje, pero aplastaba la cola y lo aguantaba. Cuando era chica veníamos con mi familia a pasar la tarde a la plazoleta de la estación (la Malvinas Argentinas) donde mi viejo me enseñó a atarme los cordones”, dice mientras firma autógrafos a toda velocidad.

Romina cumple con el protocolo y propone un próximo destino: “El colegio de monjas donde estudié, ahí era la Cholito de Racing”, comenta desprejuiciada. Incluso, por usar la camiseta del club de sus amores – el único que revela, porque no habla de su vida privada - debajo del uniforme ocupó el primer puesto de alumnas amonestadas en el Instituto Santa Ana.

Ahora la dama regresa al secundario de la calle Buenos Aires y Pueyrredón, convertida en una diva. Y por lo que se escuchará cuchichear en los pasillos, mucho más flaca que entonces. “Era una adolescente que estaba en pleno desarrollo”, responde sin pudor.

Parece mentira que esta chica infartante y de gestos delicados sea la misma que prendía fuego los tachos de basura, tiraba bombitas de olor a las monjas y escuchaba a Los Redondos en su Walkman. “La recuerdo como una de las épocas más divertidas que viví, asegura Gaetani, que se ganó el apodo de Xuxa por imitar a la brasileña en las fiestas de la primavera.

Después del colegio, un paso fugaz por la iglesia Nuestra Señora de Luján, en San Andrés, marca el final del recorrido. Mañana volverá a las grabaciones en Pol-ka, entre decorados que no tienen nada que ver con su barrio. Igual, como ella dice, está a la vista que San Martín es la escenografía que mejor le encaja.

Clarín Zonal - San Andrés.(10/07/2003)