Entrevistas


Se dice de mí... - Revista Viva (20/06/2004)


Irrumpió como sex symbol no tradicional en Soy Gitano. Y le colgaron el cartelito.
A ella no parece molestarle. Pero se siente actriz. Viaje a la trastienda de una muchacha experta en seducción.

P. 44 Nota de tapa: R. Gaetani
Mujer al volante
Hay algo que Romina Gaetani sabe: lo suyo no es el manejo. La actriz ya chocó dos veces a pesar de haber hecho un curso intensivo para conducir en San Martín.
Las dos veces fueron por su culpa, aunque ponga como excusa el haber tenido que levantarse temprano para ir a grabar (Soy gitano) y sucedieron el año pasado. En el primero, se le quedó enganchada la ojota en el acelerador y se llevó por delante a otro coche. El tipo se bajó enojadísimo, a ella le bajó la presión y él terminó consolándola como un padre. El otro, ocurrió una mañana de lluvia por la General Paz. En este caso ella no estaba apurada: que se le patinó el auto, que frenó, que apretó el embrague, que patinó más, que el auto de adelante le clavó los frenos... ¡Pum! Aquí no hubo principio de desmayo y la chica se lo tomó con humor. La cosa es que Gaetani insiste en seguir al volante y, sobre todo, no pierde la esperanza de aprender a estacionar. Es la típica que lo hace a medio metro del cordón y se baja con cara de superada. Y eso que el auto tiene dirección hidráulica.

Fui gitana
La convirtió en sex symbol. Aunque dice que no puede dejar de ser seductora, quiere cambiar su imagen. Y aclara que es más que eso. Se siente actriz. Aquí, habla del sexo en TV, de galanes y de los besos de ficción. En tanto, trabaja en teatro y prepara una tira.

" Transpiro mucho en las escenas de sexo. Sobre todo, si son fuertes. Es que soy muy vergonzosa.” Romina Gaetani tuvo su punto más alto de popularidad el año pasado, en la tira Soy gitano.
Su papel de gitana ardiente y las escenas amorosas que protagonizó con Osvaldo Laport hicieron, en realidad, que no sólo ella transpirara.
Aquella actuación y su cuerpo escultural la catapultaron a la categoría local de sex symbol.
Ahora dice que quiere cambiar su imagen de “mina sexy” y demostrar que “también soy otras cosas”. Reconoce que no puede dejar de ser seductora, “algo que me sale naturalmente”, y que como no tiene problemas con su cuerpo, no tendría inconvenientes en hacer desnudos.
Eso sí: “En un contexto cuidado, y con un buen libro”. Aclara que no lo haría en una tira diaria, y sí en un unitario”.
La cita es en el Hard Rock Café, en la Recoleta, y la actriz ya terminó de almorzar una ensalada de espinacas. Tiene ganas y tiempo para charlar. Y sigue: “Hay mucho desnudo innecesario, porque el sexo vende. Hay momentos en los que te ponen en bolas sólo para hacer rating”, subraya.
¿Y qué pasa con ella en esas escenas, además de transpirar? ¿Y qué pasa con el actor que la acompaña?
“En mi caso, como dije, transpiro mucho. Y... (dice con cara de tímida y una leve sonrisa) es feísimo. Igualmente, en esas tomas, sólo están presentes los que tienen que estar, como sonidista, camarógrafos, maquilladora y la vestuarista que te tapa entre toma y toma. De todos modos, tenés a toda la gente con los ojos ahí. Vos estás desnuda, con una bombachita. No la paso bien, pero trato de relajarme.” Habla con calma. Apenas está maquillada y estrena un nuevo

“Si alguien me gusta mucho y veo que no se da cuenta, no dudo en tirarme un lance.”

look que la hace más angelical:
un flequillo recto y extensiones en el largo, todo en tonos rojizos.
Tiene una expresión pacífica. Es que después de la exposición pública del año pasado, la muchacha dijo basta. “Todo fue muy de golpe, muy estresante y no podía capitalizar nada. Sumado a la demanda periodística, me compré un auto y dejé la casa de mis viejos para convivir con mi novio”, enumera.
Antes de terminar 2003 le dijo que no a siete propuestas: “Me ofrecieron dos películas y cinco obras de teatro para hacer en el verano. Podría haber aceptado dale que va, pero no iba a rendir bien –dice–.

SI ME DAN A ELEGIR

 
Chocolate blanco o negro: Negro
Perfume: Colonia de bebé.
Hobbie: Leer y escuchar música
Deporte: Equitación
¿Un galán?: Tres: Damián de Santo, Ricardo Darín y Germán Palacios
Un antojo: Torta de manzana con helado
¿Pijama, camisón o nada?: Los tres
Objeto de colección: Papeles de carta
Una película: Contra viento y marea
¿Perros o gatos?: Perros
Comida preferida: Milanesa con puré.

 

Romina modelo 2004, con flequillo recto y extensiones en rojo.

Me fui de vacaciones, salí mucho al teatro; no hice nada en especial y me la pasé en jogging todo el día”.
Pero el vértigo regresó a su vida.
Después de seis meses, volvió al ruedo: está haciendo teatro y será protagonista de una tira diaria.
Su plan, en realidad, era hacer una miniserie con Alfredo Alcón, pero de la noche a la mañana eso quedó postergado y le ofrecieron protagonizar Los secretos de papá, una tira diaria con Dady Brieva, que saldrá en agosto por Canal 13, en reemplazo de Los pensionados: “Yo quería hacer una miniserie pero, bueno, me convencieron Adrián (Suar) y mi representante. Ahora estoy preocupada y ocupada en hacer algo diferente a lo del año pasado, porque si no me mato”, avisa.
Las grabaciones de la tira de Polka arrancan el 5 de julio.
Aunque todavía no está terminado de delinear, cuenta qué sabe sobre su personaje: “Se llama Eugenia, canta en un coro y es la mujer del personaje de Federico D’ Elía. Lo del canto me tiene súper nerviosa porque será un gran desafío para mí. Si bien estudié canto, esto es como un sueño paralelo. Así que estoy empezando con clases de canto prácticamente todos los días.
Todavía no sé el repertorio”.

Bueno, el año pasado tuviste que aprender a bailar flamenco.
Sí, pero cantar me da más miedo.
Será porque soy muy exigente conmigo. Voy a tratar de hacerlo lo mejor posible.
A su vez, hace un mes, Romina estrenó Seda, de Alessandro Baricco, que protagoniza junto a Jorge Suárez, dirigida por Francisco Javier. Es una pieza del 1800 donde tiene un doble rol:
mujer y amante del personaje de Suárez, un productor de seda.


Primeros pasos
Cuando empezó el secundario en el Santa Ana de Villa Ballester.
Romina ya sabía que quería ser actriz. Miraba mucha tele y se fascinaba con la ficción. Al principio, se ganaba unos pesos como modelo y promotora mientras tomaba clases de actuación con Alejandra Boero y estudiaba canto y baile. La primera prueba la hizo frente a Pepito Cibrián para el musical David, el rey, y quedó elegida como protagonista.
La obra duró sólo tres meses, pero le sirvió como trampolín para ingresar al mundo del espectáculo. Se buscó un representante y consiguió un bolo en Verdad consecuencia, el unitario del Canal 13. “Me acuerdo que la escena era con Inés Estévez.
Casi me muero cuando la vi, porque me parece una actoraza. Lo único que yo decía era: ‘No, el dueño no está, vení en otro momento’ . Pero me sentía en el limbo”, recuerda. Verano del 98, Chiquititas, (donde era una chica buena, suplantando a Romina Yan), Yago, pasión morena y Mil millones (en ambos programas hacía de mala), fueron algunos de los ciclos en los que trabajó.

Chica traviesa
A los 7 años, fumaba las colillas de los cigarrillos que quedaban tiradas al final de las fiestas familiares. Romina creció y vivió hasta hace dos años en esa casa de frente de piedra en San Andrés, partido de San Martín.
Carlos, su papá, es productor de seguros y Cuqui (María Angélica), su mamá, lo ayuda. “De chica tenía un fanatismo por la limpieza general de la casa. Una vez por semana limpiaba todo.
También recuerdo que mis amigas del barrio me prestaban sus bicicletas porque yo no tenía y se las hacía bolsa, pobres”, cuenta.

“Llegado el momento, si me mando una canita al aire se lo contaría a él, porque se me notaría.”

Nació el 15 de abril del 77 y tiene un hermano, Leonardo, de Treinta y tres, que es arquitecto.
Sobre la relación con sus padres, dice: “Soy más pegota de papá.
Pero los quiero a los dos. De mamá tengo su calidez, su inocencia, su sensibilidad. Papá es el que siempre me baja a la tierra.
Yo soy muy impulsiva, muy mandada.
Soy cero cerebral” .
Un poco vaga y algo rebelde, en el colegio se llevaba todas las materias a diciembre, incluida gimnasia. “Pero las terminaba dando bien. Y el lío que hacía era prender fuego el tacho de basura.
Eso sí: era muy varonera. Al colegio de monjas llevaba siempre debajo del guardapolvo la camiIgualmente aclara que no se debió a falta de amor: “Cuando me enamoro soy una tarada. Soy recontra enamoradiza”, cuenta.
Le importa, sobre todo, que el elegido sea buena persona. “No le doy bolilla a lo físico. Sí tiene que haber química y me tiene que parecer lindo a mí. Y que sea honesto, respetuoso y fiel, tres cosas que hoy por hoy cuesta encontrar”, sostiene. Ella asegura ser una persona fiel. Y llegado el caso de caer en la tentación, daría la cara: “Mirá, llegado el momento, si me mando una canita al aire, como se dice, lo contaría, porque no podría mirar a los ojos a mi pareja, se me notaría”, asegura. La popularidad, parece, ha hecho que se le acerquen más hombres: “Pero no les doy bolilla a eso porque se te acercan mucho por la imagen que uno vende. Se te tiran un lance de una: ‘Dame tu teléfono y salgamos’ . Yo le digo: ‘No, gracias, estoy en pareja’, y listo”, repite. Ella, en cambio, nunca encaró a nadie:
“Como soy tan obvia se me nota al toque. Nunca me le declaré a nadie, me muero de vergüenza.
Quizá te insinúo que está todo bien. Aparte, si me gusta empiezo a tartamudear y nunca podría terminar la frase ‘Vamos a tomar algo’”. Aunque si es ella la intersada puede tirarse un piletazo:
“Si alguien me gusta mucho y veo que no se da cuenta no dudo en tirarme un lance. ¿Qué voy a perder? El no siempre está”.

Mide 1,68 y tiene buenas curvas. “Soy muy coqueta”, dice. Y no vive a dieta.

Sexo en la TV
Mide 1,68 y tiene buenas curvas.
Dice ser “muy coqueta” y cuenta que tiene etapas en las que se cuida más que otras.
Le gusta estar linda antes de ir a un evento o de actuar, pero en la vida anda tranqui. Entrena diariamente y no vive a dieta.
“Puedo subir tres kilos y después bajarlos enseguida”, asegura.
Cuida su alimentación ya que durante la adolescencia la pasó mal: “A los 17 tuve un desorden importante. No llegué a ser bulímica pero sí entré en los cánones de desorden alimenticio”, confiesa sin querer dar más detalles, mientras toma un sorbo de café.
Por más que ahora está vestida con un suéter de cuello alto y un pantalón de corderoy, su forma de hablar, mover los ojos y las manos es muy sensual: “No manejo mi sensualidad. No la registro. O sea, sé que si a eso le pongo un vestido escotadísimo de piernas, va a ser una cosa muy efectiva. Todo depende para qué.
Porque puedo hasta espantar, quizás”, afirma.
Tiene una belleza muy particular.
Su sonrisa y simpatía la hacen bella, a pesar de no tener rasgos perfectos. Casi sobre el final de la charla, vuelve a salir el tema de las escenas subidas de tono.
Entonces cuando uno le pregunta si alguna vez se sintió incómoda con algún compañero, responde:
“ Nunca me pasó de tener una situación comprometida con alguien con el que tenía cero onda. Así que no sé la incomodidad que te puede generar. Si tenés buena química con tu compañero la pasás mejor.

Sus galanes, uno por uno
Facundo Arana: “Con él trabajé en Yago, pasión morena. Fue el primero con el que me besé en la tele. Es un divino y fue muy buen compañero. Tenía mucho miedo cuando hice esa novela porque venía de trabajar con chicos y Facu me ayudó mucho. Es un actor que da todo”.
Gustavo Bermúdez: “Trabajamos juntos en Mil Millones.
Es más reservado pero buen compañero también. Tiene muchísimo oficio. En dos minutos ta ta ta y graba”.
Osvaldo Laport: “Con él aprendí a improvisar. Era loquísimo.
Era ‘Acción’ y cada uno decía lo que le parecía. Pegamos muy buena onda, nos hicimos amigos y fuimos muy compinches”.
Juan Darthés: “Con Juan laburaba más sobre la letra. No improvisábamos tanto. Es muy profesional”.
Dady Brieva: “No trabajé con él. Ahora haremos juntos la tira. Como espectador lo compro porque tiene ángel y talento. Gusta mucho”.

¿Y te gustó algún actor?
Lo que pasa es que en este medio son todos lindos. Unos más, otros menos, pero todos lindos. ¡No me puedo enamorar de todos! Osvaldo (Laport) es lindo, Facundo (Arana) es lindo. Pero bueno, uno está en pareja, no te vas a enamorar de todos. Aparte estás laburando.
Y además, me pasa una cosa segura: como ya sé que la otra persona está casada o en pareja, no se me mueve un pelo.

Vamos...
Por más que piense: ‘Qué fuerte que está’, no me pasa nada porque conozco a su mujer. Nos conocemos todos. Y para mí mandarse un moco es fulero.

Hubo casos de actores que terminaron enamorándose...
Eso es otro tema. Se enamoraron, terminaron juntos y eso es bárbaro.
Pero con un fin copado, sano, sin lastimar y sin faltarle el respeto a nadie.

“Transpiro mucho en las escenas de sexo porque soy muy vergonzosa.”

Algunos besos parecen muy reales entre actores.
Pero no lo son. Uno está pendiente de la cámara, de cómo te ponchan...
Y es puro labio que se mueve. Parece re-fogoso y un súper besazo, pero no: es mentira.

¿Tu novio se pone celoso?
Pone cara de misterio y se queda callada. De ese tema no quiere hablar. Pese a la insistencia, no quiere revelar su estado sentimental.

Pasó más de una hora y media de charla y pide la cuenta.
Cuando uno va a sacar la billetera dice: “Pago yo”. Insiste en pagar ella porque aprovechó para almorzar. Entonces pregunta:
‘¿Te alcanzo a algún lado?’.

Revista Viva (20/06/2004)