Entrevistas


No puedo hacerme cargo de las fantasías que provoco en los hombres - Revista Gente (05/10/2004)


Disparó su carrera desde la pantalla de Soy gitano. Y, de pronto, descubrió que se había convertido en un verdadero símbolo sexual. Hoy vuelve a brillar, esta vez en Los secretos de papá -cada noche a las 21, por Canal 13-. Se pone en la piel de una chica casada e ingenua que, sin siquiera proponérselo, seduce al personaje del "supuesto gay" Dady Brieva. "Vivir en pose de femme fatal es agotador", confiesa.

Romina está tendida sobre un sillón. Frente a cámara, bajo la luz de los flashes. Antes de comenzar la sesión acordó su vestuario con el equipo de producción. "Cero bikinis, nada de ropa interior", propuso terminante. Una lástima. Ahora lleva un vestido translúcido, de escote generoso, que además deja sus piernas al descubierto. Y se sonríe. Dice que así se siente en sintonía con Eugenia, la chica ingenua que interpreta cada noche en Los secretos de papá.

-Dicen que ha cambiado, Romina.
-Sólo el color del pelo. Ah, también me hice un flequillo…

-Que luego de destaparse como una bomba sexy en Soy gitano, ahora pretende mostrar una imagen más relajada.
-Ya me lo comentaron. Mi personaje en Soy gitano tenía una carga erótica importante, de eso no hay dudas. Fue muy fuerte, pegó en la gente y me dio mi primer año de popularidad. No me quejo ni reniego de nada, por el contrario. Ahora estoy interpretando a otro personaje, que se llama Eugenia y usa faldas hasta la rodilla, polera… Pero, quién te dice: quizás antes de fin de año me dan ganas de ponerme la bikini otra vez.

-¿Es posible esconder semejante carga erótica debajo de una polera?
-No puedo hacerme cargo de las fantasías que provoco en la cabeza de los hombres, ni de lo que imaginan las mujeres de mí. Al principio, cuando me empezaron a reconocer en la calle, me hacía una mini producción antes de salir de mi casa. Tenía que estar peinada, maquillada, bien vestida… ¡Hasta para ir al supermercado! Yo quería que la gente me viese tan prolija como en la tele. Todo eso era muy agotador.

-Tanto que terminó desmayada, con un pico de estrés.
-No es cierto, nunca me desmayé. Sólo me sentí mal durante una grabación y pedí irme a mi casa.

-Escribieron que estuvo al borde de la muerte.
-Exageraron un poquito. Pero la historia es que un día me dije: "Basta, que me vean como soy". Ahora ya no salgo con los tacos, soy una mina normal. Y no me estresa el comentario de la gente, aprendí a convivir con el murmullo: "Me la imaginaba más alta, más baja, más linda, más fea…". No me calienta, es un papo de la gente. Vivir en pose de diva o femme fatal es agotador, me mata.

-¿Alguna vez temió quedar encasillada como sex symbol?
-En absoluto, aunque después de Soy gitano me ofrecieron hacer un par de películas en las que tenía que estar ligerita de ropas…

-Imagino que huyó despavorida.
-No, ni un poco. No me gusta aparecer en bolas porque sí, pero tampoco tengo complejos con los desnudos. Estoy muy segura de mí.

-Sabe que no es sólo una cara bonita, un escote generoso y un par de piernas interminables…
-(Ríe) Es simplemente actuar. De todas formas, lo más llamativo fueron siempre las producciones fotográficas. Y reconozco que algunas fueron muy fuertes. No por el desnudo, porque lo más en bolas que estuve fue en ropa interior. Tiene que ver con algunas actitudes que tomé frente a cámara y me quiero matar. Pero fue por inexperiencia. El año pasado era una pichona. La pregunta que más repetí en el año 2004 fue: "¿Cómo se hace?". No sabía si me tenía que subir a los tacos, ponerme la tanga, decir que sí o que no… Pero nunca hice fotos para venderme como una mina sexy, sino porque me divertían. Me paraba frente a cámaras y me hacía la modelo un rato, nada más. Era un juego: soy una chica de barrio que sabe jugar a ser sexy. Pero nunca estuve con menos ropa que una bikini. Igual, no es necesario mostrar para ser sexy.

-¿Sigue en pareja, Romina?
-No me divierte hablar de eso. Esas son cosas que se aprenden. Hace dos años di una nota que me marcó muchísimo. Me preguntaron: "¿Qué cosas te emocionan en esta vida?". Y yo me despaché con una respuesta poética, hablé del amanecer, la familia… Entonces el periodista volvió a la carga: "¿Y cuando hacés el amor?", quiso saber. ¿Y qué le iba a contestar? "Por supuesto", le dije. Bueno, toda la nota resultó un ensayo sobre cómo lloro cuando hago el amor. Imaginate, después la lee mi pareja y me dice: "¿Con quién te pasa todo esto? Porque en casa nunca llorás…" (ríe). Desde ese día no hablo más de mi vida privada.

-¿Resultó difícil para su pareja soportar su conversión a símbolo sexual?
-Reconozco que para un hombre debe ser un peso difícil de llevar. Pero yo aprendí a dejar el laburo en camarines. Después, agradezco los elogios y me banco las críticas. El resto me supera. Hace días estuve en un boliche de Rosario y me tuvieron que poner un patovica al lado para cuidarme. Esa historia, la de vivir separada de la gente, no me gusta nada. Además, son los mismos boliches a los que iba cinco años atrás y "planchaba" toda la noche.

-¿Usted también conoció el amargo sabor del rechazo?
-¡¿Cómo?! Hubo momentos en mi vida en que no me levantaba a nadie. ¡He tenido cada rebote! Después, la tele te pone en una posición de privilegio y te vuelve más deseable ante los ojos de la gente.

En un rincón del camarín, una cascada en miniatura pretende armonizar el ambiente. "Puro feng-shui", dice Romina. Hay también algunas velas tendidas en el piso. En una percha, su vestuario se repite en poleras y más faldas. Ya no quedan vestigios de Isabel, la gitana mal querida que no supo conquistar el corazón de Osvaldo Laport. Dentro de algunos minutos, Romina deberá volver al set para grabar un nuevo capítulo de Los secretos de papá. "Va a ser una escena con beso", anticipan.

-Su galán es Dady Brieva. Esas cosas sólo pasan en la ficción…
-¿Por qué? A mí me encanta Dady como galán. Está muy bien y tiene un carisma que seduce.

-¿Usted cree que Dady Brieva o Miguel Angel Rodríguez pueden disputarle una mujer a un galán clásico como Facundo Arana, por ejemplo?
-¡Por supuesto! A mí no me gustan los tipos de belleza evidente. Prefiero una buena mirada, algo de parla, carisma y sex appeal.

-¿Cómo se siente compitiendo la franja horaria con Los Roldán, el fenómeno de la televisión?
-No me desespera. Yo quiero que nos vaya bien pero no averiguo el rating cada día. A veces, pregunto: "¿Cómo viene la semana?". Y punto. Entramos en competencia seis meses después. Pero yo no siento que tengo que alcanzar a nadie. Nunca hice un programa pensando: "Vamos a hacerlos m…". Esa competencia no me interesa. Además, sé que tampoco es bueno para la salud.

-A propósito, luego del susto, ¿cómo cuida su salud?
-Sigo haciendo terapia. Y aprendí a decir que no a muchas cosas. Ahora estoy dando pocas entrevistas, mucho menos que el año pasado. A veces, cuando estaba arriba de la ola, no tenía noción de lo que decía o con quién hablaba. Y enseguida me agoté de verme en todos lados. Me escuchaba en televisión y decía: "Eso ya lo conté" o "Doña Tota ya sabe lo que estoy haciendo". Ahora sólo trato de disfrutar mejor de mi tiempo.

Revista Gente (05/10/2004)