Entrevistas


Romina Gaetani - Revista Miradas (02/2009)


Hoy protagoniza la telenovela más vista de la tarde, pero cuando comenzó asistió a varios castings de los que salía llorando al no ser elegida "por algo físico". Asegura que es malhablada en el trabajo, pero que en la intimidad se vuelve muy femenina. Está felizmente en pareja desde hace poco tiempo.

Cuando entré al estudio de fotografía donde terminaban de tomarle las últimas fotos a Romina para la revista, la vi como siempre se la ve a ella: impecablemente vestida, sensual y de trato muy amable. Nunca me imaginé que esa chica se revelaría durante la entrevista como una mujer sin miedo ni verguenza de confesar haber sufrido un duro golpe profesional. Pero esa misma situación, que muy pocas protagonistas de telenovelas exitosas se atreverían a comentar, es hoy para ella sólo una anécdota divertida. Qué suerte que este adestacada actriz sabe reírse de sí misma. La entrevista fue muy entretenida. Espero la disfruten.

-Don Juan y su bella dama se convirtió en un éxito que ya lleva 12 meses consecutivos al aire, más de lo previsto inicialmente. ¿Cómo se hace para mantener la intensidad en una telenovela de tanta duración?

Lo bueno de las telenovelas es el poder de improvisación que debés ejercer todos los días para sostener el programa el tiempo que dure. Es difícil porque tiene que ver con la energía. Quizás es inevitable repetir emociones y situaciones, pero las tiras diarias te dan revancha, y una escena que te pareec igual a otra podés hacerla de mil maneras distintas. El teatro también lo tiene, pero sobre la misma emoción, y podés ir variando sobre un mismo texto.

-¿Intervenís en el armado del personaje?

La reunión con los autores existe siempre. Igual, no soy de estar mucho encima de ellos, porque creo que un personaje en una telenovela tiene mesetas y picos. Creo que hay que darle posibilidad a que otras historias paralelas crezcan, que le den un respiro y aire al protagónico porque si no se agota. Está bueno que todos tengamos la posibilidad de jugar. Si el único personaje fuerte es el mío, se torna aburrido para mí. Si una está segura de que como actriz está poniendo lo mejor desde lo que sabe, y deja que otros crezcan, creo que hay lugar para todos.

-¿Tus comienzos fueron muy complicados?

Hice muchos castings, y no quedaba en ninguno. Me veía muy distinta. Cuando uno va empezando inevitablemente mira al costado para saber lo que piden, lo que se usa. Me encontré en pruebas en las cuales los productores me decían: "No me gustás por algo físico". En algunos directamente "chau", y en otros terminaba llorando, y así como salía llorando de uno, me secaba las lágrimas y me iba a otro. Lo que me dio fortaleza es sentirme segura de mí, confiada de mi esencia como actriz. Después una puede modificar y hay tiempo para ser mucho mejor. Me ayudó mucho confiar, y las ganas que tenía de actuar.

-¿Recordás alguna frase o situación incómoda de esa época?

Si. Algún productor que se quiso pasar de vivo y dijo: "Vení que te arreglo el vestido". No hace mucho, siendo más conocida, me pasó, y también fue un horror. Pensás que hoy por hoy no te puede pasar, y el que menos imaginás te quiere faltar el respeto.

-¿Quiénes fueron los primeros que te dieron una oportunidad?

Pepe Cibrián y Cris Morena. Él me dio el protagónico en su musical El rey David y Cris en Chiquititas.

- La carrera que tenés hoy, ¿es la que imaginabas en ese momento?

Sí, pero ahora estoy en una etapa, desde hace tres o cuatro años, de querer otra cosa. La actuación me hizo muy feliz y creí muchísimo como actriz y persona, pero también tengo ganas de aprender algo diferente. Y me pregunto qué tengo ganas de hacer. En estos diez u once años siempre fueron telenovelas. Quizás busque no hacer tanta tira y hacer más unitario, teatro y cine. En estos tres últimos años empecé a escribir la idea para un programa para chicos, con una vuelta metafísica, y me metí más en la música a partir de una propuesta discográfica de unos productores que me vieron cantando en Los secretos de papá, pero como me proponían algo muy comercial opté por no hacerlo. Prefiero armar una bandita y tocar en un bar, que sé que me va a hacer más feliz. Además, creo que hoy actuar y cantar, con la exigencia que tengo, no podría hacerlo seriamente. Soy muy criteriosa conmigo, yo me mato. Muy exigente en general, si pienso que algo está mal, por más que al otro le parezca que está bien, a mí me va a seguir pareciendo que está mal.

- Y al ser conocida, ahora debés cuidarte más en lo que decís en público.

Cuando estoy con un mal día se me nota muchísimo. Si estoy malhumorada no lo puedo manejar y les digo a mis compañeros: "Bánquenme". Cuando estoy genial tengo el defecto de decirlo a viva voz, pero una se va de boca. Y a veces está bueno callarse un poquitito, porque hay situaciones que otras personas no las leen de la misma forma que vos, y tal vez algo tuyo termina siendo manoseado.

-¿Qué actriz es tu referente?

Norma Aleandro me enseñó muchísimo, hice con ella Cinco mujeres con el mismo vestido, en el teatro Maipo. Para mí es una gran actriz y la tengo como una gran referente. Aprendí muchísimas cosas que hoy tengo que seguir perfeccionando. También tengo presente un consejo que me dio Inés Estévez: "Cuando no estés convencida del todo, hacé la escena como si cada una fuese una obra única". Esta idea me rinde mucho.

- Y te sirve para actuar con cualquier persona sin importar cómo te lleves.

Sea hombre o mujer, cuando no tenés química, por momento se hace más sabroso el trabajo, y hasta puede enriquecerte muchísimo. Está bueno investigar y bajarse del ego de uno para ver cómo el otro está parado y cómo lo seduzco, cómo nos sentimos más cómodos. Se le puede sacar ventaja a que no haya química.

- Estuviste por actuar en el musical Cabaret que dirigió Ariel Del Mastro en el teatro Astral, pero al final no salió. ¿Qué pasó?

Sí, me habían elegido después de tres castings, y al tercer día de ensayo se arrepintieron de mi participación en la obra.

- ¡¿Cómo?! Había escuchado otra versión.

Sí, hicieron circular 40 versiones, que yo estaba muy mal y que no podía cantar. ¡Pero si en los castings canté los dos temas más difíciles de Liza Minelli! Llevé mis certificados médicos con todo perfecto, del otorrinolaringólogo, de la fonoaudióloga, del profesor de canto que hablaba con ellos, y todo estaba bien. Se dijo mucho y traté de desmentirlo, pero no soy de salir a hablar, dejé que se calmaran las aguas. Fue un golpe durísimo, porque jamás en la vida me habían pasado. Y nunca pensé que me podía pasar porque ya era un poco más conocida y había hecho prensa, gráfica para la calle. Después de todo esto, estuve prácticamente dos meses en cama con problemas de salud. Pero tengo una personalidad que necesita tocar fondo para resurgir. Recién ahora me estoy levantando, no sabés cómo me pegó. Luego salió una propuesta para irme a México a grabar la serie Mientras haya vida, y me fui.

- ¿Qué herramientas de trabajo te trajiste de afuera?

Hay muchas diferencias porque allá se trabaja de lunes a sábados de 14 a 16 horas por día, y en todo ese tiempo muuchas veces sólo se hacen tres escenas, mientras acá en ese período metés 25. Lo nuestro es una maratón, pero lo de allá de otra manera también lo es, son esperas enormes como si fuese cine y evidentemente no es el mismo formato. Pero lo importante fue que a mí me hizo feliz trabajar afuera, salir del dramón de acá, estar en otro país trabajando donde no me conocía nadie.

- Tenés asesor de imagen porque reconocés que no sos muy buena para vestirte.

Sí, aunque estoy mejor en ese sentido. Se está instalando en nuestro medio lo de criticar la forma de vestirse, tan hollywoodense, que no pega con nosotros. Cuando hice Soy gitano tenía a mi maquilladora todo el día conmigo, y creo que no fue lo mejor (risas). Es una comodidad, pero no está bueno. Así que dejé de tenerla. No hace bien. No tenés intimidad para nada.

- ¿Alguna vez te viste en la tapa de una revista y te quisiste matar?

Sí, me vi en un par de notas que hoy no volvería a hacer. Igualmente es complicado. Hay títulos de notas que digo: "¿Por qué no me fijé antes?". O fotos en ropa interior, que me encantó hacerlas, pero cuando me vi me dio vergüenza.

- ¿Cómo ves la tele actual?

En estos diez años todo se volvió muy signado por el rating. Se le baja la caña a personas o a programas, y el trato humano hoy lo tiene que reinventar una todos los días, porque een la vorágine en que se trabaja es inevitable que todos hablen de todos.

- ¿Qué hacés cuando no trabajás?

Mi mayor placer es quedarme en mi casa escuchando música. Cuando grabo mucho me cuesta fijar la atención, veo poca tele, hago zapping de tres vueltas, rabioso. También estudio metafísica desde 2002, una disciplina que me aporta un mundo espiritual que me hace andar en el ser.

-¿Qué es lo más femenino y lo más masculino que tenés?

Soy muy masculina a al hora de trabajar, en la energía que le meto, soy un pibe más en el estudio y muy malhablada; me ayuda como estrategia. Después, en la apreja, siempre me vuelvo más femenina porque me gusta cocinar y que todo huela rico. Soy muy cuidadosa en la intimidad. De él prefiero ni hablar, aunque sí admito que estoy en pareja, porque eso de "no hablo de mi vida privada" es medio relativo. Pero por respeto a él, y a su entorno, mucho más no hablo.

- Cuando comenzás una relación, ¿la pensás con un futuro, una proyección?

A no ser que sea "free", una entra en una relación para proyectar, después quizás te tengas que dar cuenta de que no hay chance. Pero siempre entro en una relación para proyectar.

Luego de dar esta respuesta, con el muy femenino impulso de querer dejarle bien clara su opinión a la pareja actuar, se acerca al grabador y grita: "¡Sabelo!" (risas).

Revista Miradas (02/2009)