Entrevistas


Aprendí a no necesitar un hombre para sentir que mi mundo funciona - Revista Gente (30/11/2004)


Creció en las calles de Villa Ballester, entre picadas de autos y cervecita con los pibes. De adolescente, los chicos ni la miraban y más de una vez rebotó en la puerta de un boliche. Pero un día se hizo actriz. Y empezó a destellar. Hoy se ríe de los RR.PP. que la sientan en el VIP y le traen champagne. Con un 2003 de gitana sensualísima y un 2004 protagonista, junto a Dady Brieva, de Los secretos de papá, Romina sigue adelante. Historia de la chica de barrio que supo invertir su destino.

Nació, creció, hizo amigos, se enamoró por primera vez, se desengañó por primera vez, un día encendió un cigarrillo, un día abrió una cerveza, le dieron un beso, todo en las calles de Villa Ballester, San Martín, conurbano oeste de la Buenos Aires que es provincia. Era otra, otra chica. O era la misma, pero le pasaban, sí, otras cosas. No como ahora, que se hizo actriz, después se hizo personaje, después, estrella.

La noche que a los diecisiete hizo la cola, pasito a pasito, y llegó hasta la puerta de New York City, la City, para que un patovica sin gesto le pidiera que se corriera de allí, sintió penita. Y después, un día, las revistas y la televisión irían en busca de su boca, de sus ojos, del cuerpo de Romina, y los RR.PP. de las discos le abrirían las puertas y la sentarían en el VIP y le regalarían champagne y le pondrían a los patovicas sin gesto a cuidarla de que nadie la moleste, pero eso sería después. Por el momento, y el momento era aquella vez a los diecisiete, entrar a la City era imposible. Mientras, la adolescente del Santa Ana que medio le rajaba a las monjas preceptoras, crecía y ya le pasaba un sueño: de actuar, de ser actriz, eso quería, eso empezaba a querer.

El barrio era el barrio: picadas de autos sobre la Avenida Constituyentes, panchos en el 46 de la Avenida Illia, mucha puerta de casa, un vecino hincha de Chevrolet, uno hincha de Ford, la cancha de Chaca que se hacía sentir los domingos o los sábados, según, mucha estación, mucho tren a Retiro, la José León Suárez, ramal del Mitre, y Romina que se bajaba en la estación San Andrés.

-¿Cuánto de aquel mundo le ponés a tus personajes?
-Hay personajes donde una puede utilizar la energía que trae desde siempre. En Soy gitano me sirvió mucho, porque ahí tenía que interpretar a una mina más guarra, más lanzada.

Dice que no le da ni un poco de miedo. Sentada en el balcón del piso 15, hotel Conrad, con Punta del Este allá abajo, envuelta en la bata blanca bordada donde se pierden las gotas que le caen del pelo recién humedecido, dice que ni un poco de miedo. ¿Qué pasaría si un día todo desapareciera? ¿Qué pasaría si uno de estos días, las invitaciones de los hoteles vip, las tapas de las revistas, la popularidad y los medios, se esfumaran de su vida? Dice, jura, que no le modificaría demasiado las cosas. "No me modificaría demasiado las cosas", asegura. Y Romina deja su café sobre la mesita blanca.

-¿Y si un día todo se va?
-Bueno, es que un día todo se va a ir…

-Quiero decir, inesperadamente…
-Soy perfectamente consciente de que esto de la popularidad es efímero. Es un juego en el que una se mete, sale un rato, descansa, volvés a entrar, un día te divierte, un día te aburre.

-¿Y no podrías perder de vista que es un juego?
-Les pasa eso a los que dependen de exponerse demasiado y pierden de vista que el punto es el laburo, no qué tipo de exposición hacés de tu laburo.

-¿Cómo te mantenés a salvo de confusiones?
-Es que tengo claro que lo que me gusta es actuar. Hoy estoy en la tele, pero mañana podría salir de la pantalla. Y entonces voy a dejar de servirle al señor del hotel que me quería tener en su fiesta, aunque yo voy a seguir actuando, porque la televisión no es el único lugar donde un actor puede trabajar.

Dice que sale de Pol-ka y los chicos se le van encima. Dice que le piden autógrafos y que le preguntan qué tienen que hacer para volverse actores. Dice que ella les pregunta para qué quieren actuar. Dice que los chicos le contestan: "Porque queremos ser famosos". Dice, Romina, que algo anda mal con esto de la popularidad.

A los quince se puso de novia. Y desde entonces, hoy tiene 27, había seguido así. No fueron doce años del mismo amor, desde ya. Pero siempre hubo alguien al lado que le gustaba primero, se enamoraba después. Doce años de relaciones estables, de novio tras novio que no era ni affaire ni historia, sino novio, a secas. Pero desde hace un mes, la nada. Romina se separó de su último chico y ahora está sola. Sola. "La verdad es que no siento nada raro, y empecé a disfrutar de estar sola. De hecho, aprendí a no necesitar un hombre para sentir que mi mundo funciona", dice Romina, que ahora que tiene tiempo de sobra (porque una cosa es grabar doce horas diarias y encima tener novio, y otra muy diferente es grabar doce horas diarias pero poder disfrutar de la vastedad inconmensurable del resto del día), va a natación, a equitación, a canto, a baile, a buceo…

-¿Y crochet? ¿No te hacés un lugarcito?
-En este momento siento que me llené de actividades extra porque las necesito para mi trabajo. Canto y baile son imprescindibles para mí. Y me puse natación para reemplazar al gimnasio.

-¿Y buceo?
-Me gusta, es como una extensión de natación.

-¿Y equitación?
-Porque amo los caballos.

-¿Cuándo hacés todo esto?
-Cuando puedo.

-¿Y cuándo dormís?
-No estoy durmiendo.

-…
-Sí, también tengo claro que a veces te saturás de cursos porque no sabés cómo llenar los vacíos de la vida.

-¿No puede estar pasándote?
-No, hago las cosas que hago porque son necesarias, de verdad.

-¿Y por qué siempre terminabas de novia?
-No me gusta estar con alguien por estar, sólo porque puede haber buen sexo y buena química. Es cierto que cuando una relación empieza, lo químico es muy importante, pero después yo empiezo a querer conocer, a querer intercambiar emocionalmente. Estar compartiendo sexualmente algo con alguien, hacer el amor, es grosísimo, y a eso le doy mucha importancia.

-¿Te parece que vivimos una época más descomprometida, más porno?
-Pero no está mal. Yo admiro a esa gente que puede tener sexo ocasional, que va, se encuentra, pum y listo. Yo no puedo, a mí no me sale. Pero si le sale a los demás, por mí todo bien. Conozco gente que le va esa onda y es feliz, y bueno, los felicito.

-¿Qué le pasa a tu generación con el amor?
-Tal vez estemos viviendo una época menos hipócrita. Hay menos ganas de dar vueltas: vamos para delante o nada. O de última, divirtámonos: esto es para divertirse un rato y no te vendo el novio para después desaparecer; las cosas se dicen más de entrada.

-¿Adiós a la histeria, entonces?
-Estaría buenísimo que fuera así. De todas maneras, aún quedan los enroscados con lo exterior, con aparentar. A mí me cansaron esos histéricos, no los puedo ni ver. Cuando veo que alguien se me acerca desde ese lugar, el tipo que te encara porque sos "la chica de la tele", los saco c…

-¿Qué es lo que más te molesta?
-No lo sé, sé que en cuestiones de amor, me cansé de los hombres histéricos.

Alguien a quien Romina llama Diana le mejoró la piel, cuenta. "Diana Chugri", dice y parece que antes la piel era una, que ahora la piel es otra y ella de lo más contenta. Se ríe con cierta facilidad y cierra la charla, la bata blanca sobre el cuerpo, el balcón y Punta del Este allá abajo, el pelo que ha parado de gotear, con el cuadro inasible de su futuro. Dice Romina: "No tengo metas, sólo quiero ser la mejor actriz que sea capaz de ser".

-El futuro es algo más que el futuro del trabajo.
-Bueno, en cuanto a la vida, me gustaría encontrar mi alma gemela y tener hijos y cocinar mientras los chicos juegan y esperar a mi marido y también seguir trabajando, actuando. Me lo imagino así. Y me encanta cuando me lo imagino.

Revista Gente (30/11/2004)