Entrevistas


¿Más esclavas que nunca? - Diario Clarín, Suplemento Mujer (06/09/2005)



DEBATE: LAS ARGENTINAS FRENTE AL ESPEJO

¿Más esclavas que nunca?

Los estereotipos, la adicción a la moda y los nuevos códigos estéticos bajo la mirada de cuatro referentes del diseño y la belleza.


Perfiles

Martín Churba >> es diseñador y dueño de Tramando. Se prepara para presentar su colección en Tokio. Tiene 34.

Romina Gaetani >> es embajadora de Garnier Nutrisse. Actuó en Soy Gitano y Revista Nacional. Tiene 28.

Sol Acuña >> fue modelo. En 1999 creó la marca Rapsodia. Está casada y tiene una hija de un año y medio. Tiene 36.

Verónica Zuberbuhler >> es especialista en belleza y dueña de los locales VZ. Casada, con 2 hijos, Tiene 43.


¿Las argentinas usamos lo que nos gusta, lo que nos queda bien o lo que está de moda?

¿Nos vestimos según nuestro propio criterio o según lo que dicta el mercado?


-
Romina, como representante de la belleza argentina no estereotipada, ¿cuál es tu relación con el espejo? ¿Elegís tu ropa según lo que está de moda o porque te queda bien?
Romina Gaetani: no le doy bolilla a la moda. Si voy a una fiesta o a un evento o tengo notas, trabajo con alguien que sabe. A veces me miro y digo: "Ay, ¿por qué se me ocurrió ponerme esto?". A veces paso hora y media o más frente al espejo.

- ¿Qué pensás en ese momento? ¿En ponerte algo original?
R.G.: Que soy una estúpida (risas). Uno no puede perder tanto tiempo frente al espejo para ver cómo le queda el rodete y el rulo o si la zapatilla combina. No se puede estar tanto tiempo.

- ¿Y qué tenés en cuenta a la hora de definirte? ¿Buscás algo que te quede cómodo, imaginás cómo van a ir las demás?
R.G.: No. Soy de respetar el momento, el cómo estoy hoy. Tal vez un día me puedo poner un vestido reajustado y mañana vestirme con zapatillas.

- ¿Qué piensa un diseñador cuando diseña? ¿Piensa en una mujer real o se inspira y no piensa en ninguna?
Martín Churba: pasa más lo segundo, por lo menos en mi caso. Para mi sería un festín trabajar con alguien como Romina porque creo que es una persona que no se conoce, que no sabe qué le queda bien. Es como una hoja en blanco: alguien con quien podés crear y jugar. Esa búsqueda que ella tiene con la ropa —que a veces puede ser fallida—, resulta interesante. Es una gran oportunidad para un diseñador.
R.G.: Como parto de mi estado de ánimo, un día pego un stiletto y una cosa ajustada y al otro día soy Cacho. La gente me tiene muy registrada con la mini o con el personaje sexy de Soy Gitano, pero soy lo opuesto a eso. Soy más de andar en zapatilla, más "hipona".

- Martín dice que parte de la nada misma y que le gusta la hoja en blanco. Pero también hay que intentar decodificar lo que las mujeres quieren.
Verónica Zuberbühler: Sí. Cuando empecé con mi empresa de cosmética, podía divertirme. Hacía lo que tenía ganas en ese momento, lo que quería, sin pensar en el costo o el precio al público. Hoy no. Ahora con treinta y tres locales, tengo que empezar al revés. Empiezo con lo que la gente me pide: no puedo hacer sólo lo que yo quiero, tengo que hacer lo que quiero y lo que la gente pide. Además, hay una coincidencia: lo que la gente pide me hace ganar plata. Y me va bien. Las clientas me dejan escrito lo que buscan, me mandan mails y la verdad es que funciona bárbaro.


- La gente espera algo diferente de cada uno de ustedes...
M.Ch.:
Claro. El modelo de empresa que describe Verónica es clarísimo: apunta a mucha gente y se transforma en una cuestión de números: inversiones, producto, costo.
V.Z.: En el diseño no. El diseño que trabajo con mi equipo es absolutamente minimalista. Yo soy blanco, no es un invento de mis locales. Vos vas a mi casa y es blanca. Siempre voy a llevar cualquier cosa que me pida un cliente a un diseño minimalista. Si a mi me quieren cambiar la base del blanco, lo discuto.
Sol Acuña: La gente que va a Rapsodia (N. de R.: es una de las dueñas de la marca) espera que la ropa no tenga edad. Yo no soy diseñadora, pero me parece que todo lo que hacemos en Rapsodia ya está inventado: ya lo usó mi mamá en una época o lo usaron otras generaciones. Es como un concepto de tienda que combina una ropa colorida y de diferentes épocas. Creo que es un estilo que se puede usar toda la vida.

- A la hora de diseñar o armar una colección, ¿tienen en cuenta la tendencia?
S.A.: No. Increíblemente este año está de moda la ropa Rapsodia. Sé que va a pasar. Mi estilo siempre fue así. Hace seis años que lo hacemos.

- ¿Y estás atenta a lo que piden tus clientes?
S.A.: Sí. Estoy atenta. Al principio hacía la vista gorda. No me gustaba que me dijeran ni el color que se iba a usar. Pero me parece que es muy útil prestarle atención: aparte es lo que nos hace ganar plata. Increíblemente lo que la gente quiere es lo que te hace ganar plata.
M.Ch.: En mi caso, la clienta busca la innovación, la diferencia, la particularidad, el diseño, la elegancia. No me puedo dar el lujo de hacer lo que se hace en el mercado.

- Hay quienes subestiman a las argentinas y creen que nos tenemos que vestir todas iguales, oler lo mismo, buscar un estilo idéntico. ¿Están equivocados?
M.Ch.: Para muchos es un negocio, en realidad. Una cosa es lo que hace Sol, que tiene algo sofisticado como marca, y otra cosa es una marca más comercial, que necesita estudiar las tendencias por adelantado para darle a sus clientas lo que quieren comprar.
V.Z.: Es verdad lo que dice Martín. Yo no sigo ninguna tendencia, no tengo que ver con nada. En mi negocio lo único que quiero es que la gente se desestrese y la pase un poquito mejor. Hay ropa o jeans como los que hace Sol que, si te gusta ese estilo, se pueden usar toda la vida. Martín es súper exclusivo.

- Hay mujeres que este invierno compraron sólo ropa color rosa. ¿Las argentinas nos uniformamos?
V.Z.: La mujer argentina es coqueta. La argentina se preocupa por estar bien. De ahí a ser fashion y estar como loca por la ropa...
S.A.: Me parece que sí, que la mujer es de uniformarse, de ser fashion victim, sin guardar ninguna relación con el cuerpo. Si el pantalón le queda bien, si le hace la cola parada, las piernas largas. Hay todo un mambo con eso. Lo mejor es usar lo que a uno le queda bien y ser más independiente. No seguir tanto la moda.
M.Ch.: Yo no pretendo que la gente se independice de la moda ni que tampoco viva atada. El vestir nos describe, la ropa que llevamos —o nuestro cabello— también hablan de nosotros. El zapato que usás, el tono de voz, como está tu piel: todo nos describe. Y la ropa es un elemento descriptivo fuerte. Yo sé que si me visto de una manera, voy a parecer más joven; si me visto de otra, voy a parecer más formal. Se trata de manejar estos elementos en la medida de lo posible.

- ¿Y las mujeres qué quieren: ser más jóvenes, más informales, más formales?
M.Ch.: En mi caso, quieren que la ropa las describa como mujeres más completas. Yo hago una sastrería que no se parece a ninguna. A primera vista, parece formal. Pero cuando te empezás a mover debajo de las solapas, empezás a ver que hay una textura y un color diferente, que no hay otra prenda igual.

- Las argentinas tienen como modelo a una mujer con ropa ajustada, mucha cola, mucha teta. ¿A vos, Romina, te queda cómodo el look sexy?
R.G.: En algún punto me representa. Como actriz tuve que interpretar a mujeres muy sexies y adopté ese look. El personaje de Soy gitano pegó muy fuerte, al punto que hoy no me perdonan que me corte el pelo. Ahora tengo extensiones. Pero cuando me las quise sacar porque quería algo más natural, que me representara y me permitiera alejarme de esa imagen (que, en realidad, me pesa) algunas mujeres me decían asombradas: "te sacaste el pelo largo".
V.Z.: En el esterotipo argentino el pelo es largo, el jean va ajustado y hay que ser tetona, con labios gruesos. Uno después lo ve en la calle.
S.A.: A mí me parece que ahora cansó y que esté todo tan a la vista como la carne en el asador.
V.Z.: Yo no estoy de acuerdo.
M.Ch.: Lo que está cansando es ese cuento de que lo único que importa es el envase. Las personas sensibles a otras cuestiones no están de acuerdo con estos modelos tan traicioneros, tan tremendos.
R.G.: Me parece que la mujer está buscando más adentro, se está fijando en otras cosas.

- ¿Pero tenemos la autoestima alta, nos sentimos atractivas?
V.Z.: Se sigue eligiendo a la mujer rubia. Si bien son muchas más las argentinas morochas, si hay que hacer una gráfica optan por la rubia. El glamour se asocia a la mujer rubia y flaquita. Es el ideal, lo que la gente siente que da éxito. Y las mujeres soportan tanta presión. Además de todo eso, tenés que hacer el amor todos los días con tu marido, ser divina y buena madre y ganar plata.
R.G.: Si bien yo trabajo con la imagen —y sé que es parte de mi trabajo— hoy tengo más ganas de sentirme identificada porque estudio metafísica o agarro un libro. Estoy cansada de que todo sea vender. Quieren mantener la mente de la mujer ocupada en qué está de moda, qué hay que usar.


- Muchas argentinas le dedican un tiempo excesivo a la estética.
M.Ch.: La mujer, para cumplir con un rol social cada vez más protagónico, apela a la belleza, la moda, la peluquería, la cosmética, etcétera, para competir con el hombre.
V.Z.: Pero la mujer cuando pasa una hora y media frente al espejo piensa más en qué se van a poner por las otras mujeres.
M.Ch.: ¿Ustedes saben el bien que le haría Susana Giménez a muchísimas mujeres argentinas si se cortara el pelo?
Todas: ¡Qué buena idea!
M.Ch.: Es una mujer que está para el cambio. El cambio es parte de la evolución, de la movilidad, de la vida. Lo linda que sería con un corte de pelo corto, como Catherine Deneuve, mostrando su cuello. Y el bien que haría porque así entenderíamos que el único modelo no es la rubia de pelo largo lacio. Sería dejar en claro un poco más la naturaleza en la vida de todos.
R.G.: Habría muchas que nos dejaríamos de teñir y poner extensiones.
M.Ch.: Lo natural también es una opción. Las canas son lindas, podríamos mostrarlas. Y además tendríamos más tiempo, ¿o no?
S.A.: Sería maravilloso. Seríamos todas morochas. Pero, para mí, no va a pasar nunca. Estamos hipotéticamente pensando en un mundo relajado. Las mujeres argentinas somos las que más nos teñimos.
V.Z.: Yo creo que si vas a un local y tienen un vestidito negro clásico, el 99 por ciento de las mujeres puede parar a comprárselo. Tenés que tener personalidad para usar ropa con personalidad. Yo soy tímida. Si tengo que ir a un cocktail, uso blanco y negro, smoking. Tenés que tener personalidad. Con el negro sentís que no te mira nadie.
M.Ch.: Cuando empecé a hacer moda, trabajé con colores que no se usaban y la gente se empezó a vestir de color, de naranja, de rojo. Me parece que hay muchos miedos en el qué me pongo. "¿Qué pasa si me queda mal?" o "¿todos me van a mirar?"

- ¿Estamos muy pendientes del "qué dirán"?
M.Ch.: Absolutamente. Como en los pueblos, estamos evolucionando hacia la libertad donde cada uno hace lo que quiere. Vestirse es un acto especial.

- Cuando compramos ropa o productos de belleza, ¿por qué lo hacemos? ¿Porque es algo inevitable o porque se disfruta? ¿Es un placer o es una inversión?
R.G.: En mi caso, yo llegué a sentir el bombardeo de tener que comprar y comprar. Desde la última crema hasta el último jean y la verdad es que me agotó. Hace rato que no me compro ropa. Tiene que ver con ir desarrollando la seguridad. No seríamos tan inseguros y no estaríamos tan pendientes del qué dirán si estuviéramos fortalecidos por dentro.

- Y a esa mujer insegura cuando entra a un negocio ¿le da culpa gastar o lo disfruta?
S.A.: Me parece que lo que necesita es un poco de ayuda. Está tan insegura que no sabe cuál es el Norte.
V.Z.: En mi negocio lo que comprás lo comprás porque realmente te gusta, para pasarla bien. No trabajo con nada complicado, no hago ninguna crema antiarrugas que prometa estar divina pasado mañana. Lo que hago es intentar que la pases bien. Con tanto trabajo, tantas exigencias, necesitás parar un minuto y pasarla bien.
R.G.: Eso es también un poco moda ahora. Desde el aceite que te relaja hasta el otro que te levanta.
V.Z.: Es verdad lo que decís. Pero la gente en algún punto tiene que relajarse. La realidad es que si ponés una velita o una música, te vas a relajar.
R.G.: La gente tomó más conciencia. Me compro el aceitito para disfrutar de ese momento, me meto en un baño de inmersión...
M.Ch.: Se nota que estamos viejos (risas). Estamos buscando la manera de tapar el agujerito, se nos pinchó el bote. Creo que, de alguna manera, los chicos de la nueva generación se están armando sus propios looks, están animándose a romper con códigos estéticos porque tienen necesidad de imponerse. Y creo que hay que aprender de eso. ¡Y eso que no hablamos del tema de la gordura! Es perverso: hay que estar flaca para estar linda. Esta sociedad es siniestra.

Clarín Mujer. (06/09/2005)