Entrevistas


Estuve abierta a experiencias límite - Revista Brando (16/05/2007)


Estuve abierta a experiencias oscuras. Tenía sed de vivir eso, me interesaba lo marginal.

Quizás por temor, por narcisismo o por la vana pretensión de perpetuar una magia apócrifa o en todo caso sospechosa, muchos artistas intentan que las charlas con ellos resbalen sobre la superficie de sus mentes, sin permitir el ingreso a ellas. Son personajes que abordan la entrevista con la guardia en alto, apuntados y esquivos; su cuerpo se hace presente pero la esencia ha quedado hundida entre las sábanas. Lo que consiguen, en lugar de subrayar esa imagen de sí mismos que tanto les gusta, es despersonalizarse, como habitantes sin identidad de un país colorido pero ficticio. El único rastro de humanidad que dejan a su paso es una notoria incomodidad.

Nada de esto ocurre con Romina Gaetani. Lo bueno de los encuentros auténticos -esto es, cuando los ojos de los entrevistados nos desafían y sus respuestas no llevan en sus pliegues el eco de la desconfianza- es que destruyen de entrada los estereotipos.
La televisión de estos tiempos es propensa a elaborar un paradigma de belleza femenina, homogéneo e invencible, que consigue imponerse con la convicción de los colonizadores. No es un pecado comprar ese paquete, claro; no es descabellado haber reparado en un escote que se nos ofrece en primer plano, en una mirada que desborda libido o en unos labios acolchados y llenos de promesas. Claro que no. Pero no bien se levanta a saludarnos, segundos después de terminar tres empanadas, nos damos cuenta de que la que se acerca es Romina, la chica del conurbano.
Gaetani, el póster Gaetani, queda colgado en el recuerdo.
Adentro de un jogging sin marca, con la cara lavada y sin mayores apuros, Romina se muestra tal cual es. No le interesa, asegura, provocar revuelo allí donde vaya. "Soy igual a como me ves acá -agrega-, sin posturas, sin maquillaje... por eso me pegué algunos tortazos. No soy de ponerme en un lugar especial, aunque en algún momento quise ponerme ahí. Soy calentona, y eso no sé caretearlo. No puedo pensar que tengo que salir a hacer las compras impecable y con maquillaje. En un momento me comí que tenía que estar perfecta las 24 horas del día. Ahora ya no".

- Te relajaste...
Me empecé a reír más de mi misma.

- Reír es no sólo dejar de lado la solemnidad, también es volver a la infancia, ¿no?
Sí, no nos tenemos que tomar tan en serio. Uno está a veces haciendo cosas que no siente, que no cree.

- Y en tu medio eso se potencia.
Sí, y eso me generó una dicotomía: qué hago, para dónde voy. Más aún cuando empecé a meterme en la música [Romina canta y está armando una banda], donde descubrí que hay otro espíritu, otra energía. Vos decís: "Ah, también se puede hacer arte con este relajo, con esta generosidad.

- En tu momento de mayor exposición, ¿qué es lo que sentías que perdías?
Fue en la época de Soy Gitano, el momento de mayor popularidad como actriz. De chiquita siempre soñé con estar donde estuve, pero la verdad es que me asustó mucho ese lugar. Me di cuenta de que lo que se creyó de mí no era la verdad, y lo que yo creía que hacía ver de mí no era lo que se veía. No lo supe demostrar de una manera conveniente. Por ejemplo, hacer la tapa de esa revista [se refiere a Hombres] en un momento fue divertido, pero cuando la vi me di cuenta de que eso no era yo. Y eso fue parte de la crisis. ¡Me rodeaba tanta superficialidad que no tenía nada que ver conmigo!

- ¿Qué te asustó del medio?
Soy una mina que todavía no se acostumbró a que se hablara mal de mí. Soy una persona que trabaja para ser buena persona. Ser honesto, no envidiar, no competir, ser un laburante: todo eso cuesta un huevo. Me encontré con mucha gente que quería estar conmigo por la foto. O, como en un momento fui la chica del año de la telenovela, me encontré con gente al lado que quería estar sólo para sacar algún provecho. Y me dolía, porque soy de confiar.

- ¿Te lastimaron?
Sí, sí [silencio] porque confiaba. Era gente que trabajó conmigo.

- ¿Y hoy los cruzás en los canales?
Sí, a algunos sí.

- Y ahora que los ves, ¿se les nota que son así?
[Piensa unos segundos] Sí, se les nota que son complicados. Este medio es chico. Uno se entera cuando hay alguien que pisa cabezas. Y nada: todo eso me separó un poco del medio, privilegié estar en paz y ganar menos guita.

- ¿Y te cuesta decir que no a esas propuestas laborales?
Y sí, porque además "soy sola" [se sonríe] y me tengo que mantener.

Ahora Romina se ríe con ganas. Ese gesto -la sonrisa- es algo que aparece con facilidad en su rostro y que provoca que una energía contagiosa se cuele entre los pocillos del café. Si hay algo que su presencia desprende, es un soplo de vitalidad que parece surgir desde algún lugar de sus moléculas. Romina atraviesa la vida con intensidad, y ésa es la única manera que tiene de hacerlo. Y así como ahora se muestra fresca y espontánea, hubo momentos -cercanos- en los que estalló de ira o de angustia. Momentos en los que, como ocurre cuando hacemos zapping, osciló de la gloria al vacío sin escalas. En diciembre pasado, tras sortear un casting agotador del que participaron figuras como Leticia Brédice, Paola Krum y Nacha Guevara, Romina fue elegida para protagonizar Cabaret, la célebre obra de Harold Price. Todo era fantástico: Romina ensayaba, corría, nadaba. Romina confiaba. Romina creía que ese papel podía ser el papel de su vida. Pero algo empezó a andar mal. El clima se enrareció aun antes de que se corriera el telón. Una sorda tensión se apoderó de los ensayos. Un día, alguien la llamó para decirle que la hacían a un lado. Los rumores sobre las razones de su baja se esparcieron como el spam. Su Dios se había quedado dormido.
El mundo del espectáculo no sólo es un fabuloso generador de fantasías, también es propalador incansable de hipótesis irrelevantes. Parte del hechizo que provoca está alimentado por una sucesión inagotable de información incomprobable, que se sostiene del sistema como un parásito. Poro -o muy poco- de lo que se dice o imagina de los habitantes de esa patria guarda relación directa con lo que realmente son, con lo que realmente les pasa. Apenas importa, de todos modos, porque en una era dominada por la abrumadora contundencia de la imagen, la ecuación sólo cierra si alrededor de esa imagen se teje una mitología que la exacerbe hasta hacerla irresistible. La historia de ese mundo está plagada de episodios como éste -como el que atravesó Romina-, situaciones que reflejan la depredación que se ejerce en un ambiente cuyas paredes suelen decorarse con la piel de los protagonistas.

- ¿Qué pasó con Cabaret?
[Romina siente el impacto, se conmueve] Esa pregunta me hago yo.

- ¿No lo sabés?
No

- ¿Lloraste mucho?
Sí, mucho... Pero la gente cae por su propio peso. Todavía tengo el dolor encima. Quizás en un tiempo pueda saber realmente cuál fue la movida. Intuyo mil cosas, que no tienen nada que ver con lo artístico, con mi trabajo. Yo sé que estaba perfecta. De salud, de ganas, de todo. Ahora, ¿qué pasó? Ni idea.

- Te avisaron por teléfono.
Sí, pero eso fue lo menos. Que me bajaran por teléfono fue lo menos doloroso.

- ¿En comparación con...?
Con cosas feas, de maltrato, pero preferiría no seguir alimentando eso. Son aprendizajes. Pese a que no soy una persona que se pregunte por qué me pasó esto, algo debo tener que aprender. Todavía no puedo darme cuenta de para qué me pasó.

Cabaret, además, hubiera reunido en una sola obra las dos pasiones de Gaetani: la actuación y el canto. "Las dos cosas siempre me gustaron mucho. Ahora me estoy sumergiendo en el mundo de la música. Me interesa el decir."

- ¿Siempre quisiste decir cosas?
Muchas veces no me interesó decir cosas, me lo quise guardar. A veces tengo una postura tan relajada que no tengo necesidad de estar hablando todo el tiempo.

- ¿Como si te creyeras especial?
Sí, me considero una persona especial. De hecho, muchas veces creo que desencajo en muchos lugares. Con los gustos, con lo que creo, con la forma que quiero vivir. Me considero especial y talentosa.

- Tenés seguridad.
Tengo seguridad y también tengo inseguridad, porque siendo actriz, meterme en el terreno de la música no es fácil. Respeto mucho el ambiente de la música, desde chica.

- ¿Te gusta la libertad de la música?
El don de la libertad es un don de pocos. No todos los artistas son libres. Es más, muchos ni siquiera son artistas sino que son obreros de la actuación. O lo hacen simplemente por ego.

- Mencionaste que lloraste de tristeza, ¿cuándo lloraste de alegría?
[Romina piensa un rato largo] Siempre voy a Capilla del Monte, en Córdoba, y el año pasado descubrí un lugar maravilloso, que te vuela la cabeza. Me encontré con cuevas indígenas, rocas volcánicas. El paisaje era genial: Disney pero natural. Me subí a una roca gigante... estaba muy pensativa.

- Introspectiva.
A full. Me senté en un lugar muy lindo. Me gustó la soledad y me sentí chiquita. Empecé a hacer un montón de reflexiones y hasta hablé en voz alta: hice una pregunta al aire y empezó el viento de una manera increíble y ocurrieron un montón de signos alrededor. Empecé a llorar de la alegría. Fue en septiembre del año pasado.

Dos años atrás, mientras protagonizaba una tira, Romina fue tentada por una discográfica para editar un disco con canciones ajenas. Los ejecutivos la escucharon cantar y, con una calculadora en la mano, conjeturaron que no sería difícil construir un hit instantáneo.

"Me vieron cantar en Los secretos de papá y me ofrecieron editar un disco de música fácil. Preferí decirle que no al negocio"

- Querían inventar un producto
Claro, dijeron: "Llamémosla a Romina para que se ponga la mini, se ajuste los pechos y salga a cantar. La rompemos". Pero no. No me gustaba. Tuve reuniones y todo, pero sabía que iba a ser más feliz cantando canciones que me gustaran delante de diez personas que cantando temas con los que no me sintiera identificada.

- ¿Qué idea tenés con la música?
Salir a tocar. Tengo ganas de formar una banda que me divierta.

- ¿Cuáles son tus inspiraciones?
Crecí escuchando a los Redondos. Los iba a ver siempre e incluso me metía en los pogos. Nunca experimenté tanto miedo como el que sentí en sus recitales. Pero tampoco vi tanta alegría, tanta comunión con el público. Lo que generaron con la gente no lo vi nunca.

- Te gustaba lo que se inspiraba en esos recitales.
Sí, a ellos los seguí a todos lados, hasta que un día en la cancha de Racing un chico de 11 años me amenazó con una pistola. Fue algo terrible. Un nene, totalmente drogado... ahí dije basta. Pero bueno, volví: el año pasado me fui sola a ver al Indio Solari a La Plata. Los Redondos forman parte de mi historia. Escuché mucho Oktubre, un disco oscuro, pero genial. Gulp! también es genial.

- Hablaste de la oscuridad. ¿Tuviste una etapa oscura?
Sí, la tuve. A los 17 tuve una etapa medio chota.

- ¿Cómo fue? ¿De encierro?
No, al contrario. Estuve abierta a experiencias oscuras, a experiencias límite. Tenía sed de vivir eso. Me interesaba lo marginal. Me generaba curiosidad saber cómo era ese mundo. Fue más como aprendizaje. Creo que no fui oscura del todo. Entré en ese mundo, pispeé y me fui.

- ¿Te encontraste gente con mucho dolor?
Sí, y con gente con mucha inconciencia, con mucha locura, con mucho desenfado.

- Gente densa. ¿Vos lo sos?
No sé vivir las cosas de otra manera que no sea con intensidad. Cuando me deprimo, me deprimo grosso. Cuando estoy feliz, soy la más feliz. Cuando lloro, también. Soy extremista en todo lo que me puede llegar a pasar. En algunas cosas logro el equilibrio.

- ¿Pensaste en el suicidio?
Cuando tenía tipo 16. Ahora lo veo como si fuera un juego. Tendía mucho a copiar, actitudes, lo bueno, lo malo. Siempre decía: "¿A ver qué pasa si hago tal cosa?". Pensar en el suicidio es tener un acto muy agresivo con el cuerpo de uno. Es la primera vez que lo veo así.

- Después, ¿nunca más?
No, cero. Sí siento mucho cansancio, sobre todo con la toma de decisiones grossas. A veces tengo como ganas de esfumarme. Son momentos de miedo.

- ¿Tomar decisiones te da miedo?
Soy muy miedosa. Lo que tengo de temperamental, de investigar, de querer conocer, también lo tengo en forma de miedo, sobre todo al momento de elegir. Por momentos soy un poco inmadura. Después voy y me tiro a la pileta, pero antes somaticé mucho.

Hace poco más de un mes, Romina filmó el primer capítulo de la nueva temporada de Mujeres Asesinas. Interpretó a una mujer que fue violada. "Un capítulo fuerte. Fui casi descompuesta a grabar. Pero Lecchi [Alberto, el director] es un capo. Fue una violación tranquila [se ríe]. Lo hago, soy actriz, pero... ufff."

- ¿Cómo es filmar 12 horas diarias?
Hay momentos que son geniales y otros que querés matar a alguien. Es una locura, una máquina de picar carne.

- Te quema.
Sí, sos una maquinita, con cinco horas para dormir, todos los días.

- Hablando de dormir, ¿qué sueños recurrentes tenés?
Siempre sueño que me ahogo.

- Con eso Freud se hace una panzada...
Sí, sueño que es de noche, que estoy tratando de rascar una pared de tierra y viene una ola y me traga.

- ¿Qué otro sueño tenés?
Uno en que corro por bosques, por lugares con agua. Hay gente que me persigue, y todos corren. Yo huyo y me trepo por los techos. También uno que vuelo, que levanto vuelo y miro la ciudad desde los aires.

- Es un típico sueño juvenil.
Bueno, hay explicaciones para todo.

- ¿Con la profesión nunca soñaste?
[Piensa unos segundos] Sí, que estoy actuando y me olvido la letra.

- ¿Nunca algo lindo?
No [sigue riendo]

- Por lo menos mencioná algo lindo que te hayan dicho por la calle.
Ah, me han dicho cosas maravillosas. Me hacen reír mucho. Me gusta ver cómo los hombres disfrutan diciendo piropos. Se los ve bellos, se los ve lindos. Aparte te lo dicen con onda. Me gusta porque disfrutan. Me mato de risa cuando me gritan algo, por más guarro que sea. Aun cuando te dicen algo muy grasa me gustan.

- ¿Y te hacen bien?
A full, porque me sacan una sonrisa. Disfruto cuando estoy recontra informal como ahora, porque lo que menos pienso es que alguien me va a decir que estoy linda.

- Es un piropo a la chica de San Martín, no a Gaetani la famosa.
Claro, me encanta.

- ¿Qué otras cosas te gusta hacer?
Empecé a estudiar metafísica estando en Soy Gitano. Es algo que tiene que ver con la meditación, la energía, las vidas pasadas. De lo que significa el karma, las civilizaciones antiguas. Los egipcios, los incas.

- ¿Por qué metafísica?
De golpe, algo de adentro me llevó a hacerlo. Me fui metiendo.

- ¿Qué cuentas pendientes tenés?
Tengo todas las inquietudes. Todas. Lo que pasa es que a veces me vuelvo como muy fiaca. Me encantaría estudiar filosofía. Lo que más me inquieta es tratar de conocerme, eso me genera mucha inquietud.

- ¿Estuviste enamorada?
Sí, grosso [Romina mueve la cabeza. La pregunta -se nota- la trasladó a lugares movedizos].

- ¿Estuvo bueno?
No [se ríe]. La verdad... O sea, el estado de enamoramiento es lo más bello que te puede pasar. Es el estado natural del ser humano. La pasé genial, pero después llegó la desilusión. Con todas las personas con que estuve, sentí estar enamorada, pero después me di cuenta de que era un capricho o acostumbramiento. Hasta hace dos años y medio estuve en pareja. Desde los 15.

- ¿Creés que vas a tener varias parejas más?
Ojalá que no, ojalá que no pasen muchas más.

- ¿Creés en eso?
Sí, lo que pasa es que la sociedad no aprende. Uno es muy egoísta, nos cuesta compartir. Mis viejos han demostrado que se puede: llevan 35 años juntos.

- Estás en un ambiente que refuta eso a diario.
Porque muchos se acercan al otro por la admiración de lo que hace, pero detrás de esa careta hay otra cosa.

- ¿Pero eso ocurre aun cuando los dos son famosos?
Sí. En estos dos años tuve la oportunidad de acercarme o estar con hombres que admiro del ambiente, ir a tomar un café y después querer matarme. O gente con la que hablaba y que parecía -o es- muy inteligente, pero después me daba cuenta de que eran nenas histéricas.

- ¿Qué hombres te gustan?
Me mata que sea inteligente. Y que tenga humor... me gustaría poder hablar de todo, compartir todo. Me llama la atención alguien que tenga ganas de crecer. Me seduce la persona que está segura de sí. Por lo físico me guío muy poco. Si hay piel, está todo bien.

- ¿En el ambiente hay gente así?
Hay mucha gente rebuscada. Para psicólogo.

- ¿Sentís que generás cosas erradas en los hombres?
Sí, me di cuenta de que tienen una falsa imagen de mí.

- Una imagen comehombres
A full, sí, sí porque después me lo dicen: "Pensé que eras otra cosa".

- La televisión condiciona todo, porque aun los que están en el ambiente se comen el personaje del otro.
Es muy potente, sí. Me di cuenta de que pude llegar a mucha más gente, pero también me aisló, me hizo entrar a un montón de hogares y que, al mismo tiempo, se dijera: "Cuidado con Romina". Muchas veces me sentí sola.

Tras dos horas de charla, Romina se despide. Al día siguiente, cuando pose para las fotos, será nuevamente Gaetani, la estrella. Su cuerpo experimentará una transformación deslumbrante y cada uno de sus rasgos abandonará la sencillez suburbana para convertirse en una manifestación arrolladora de erotismo. La contundencia de su imagen volverá a refutar la sencillez de sus palabras.
Pero eso será mañana. Ahora, la chica del conurbano saluda y se va caminando por la noche de Bajo Belgrano. Romina se aleja. En el ambiente quedan flotando sensaciones encontradas. Su imagen y su pequeña peripecia por los pasillos de la fama me recuerdan una cita que suele repetir un amigo. La gloria, dice el refrán, es un fruto que se saborea con dientes postizos.

Revista Brando (04/2007)