Entrevistas


En México, un día reía y al otro no paraba de llorar - Revista Pronto (01/08/2007)


Romina Gaetani Protagoniza una tira para Tv Azteca

En México, un día reía y al otro no paraba de llorar

Después de que la dejaran afuera del proyecto de Cabaret, la actriz aceptó protagonizar una telenovela en el DF junto a Tommy Dunster. Viajó sola y fue duro: "El primer mes me quería matar", asegura. Y dice que le costó adaptarse a los tiempos de los mexicanos. "No entiendo cómo pueden ser tan lentos para trabajar".

Al cabo de tres meses viviendo en México, Romina Gaetani pudo acostumbrarse a todo lo azteca, excepto a una cosa: su estilista. Ese es el motivo por el que la actriz, que está grabando una telenovela (junto con el ex modelo Tommy Dunster) en el Distrito Federal para Tv Azteca, se hizo una escapada a Buenos Aires y aterrizó directamente en la peluquería de Alberto Sanders para renovarse las extensiones. "Ya que estoy en Buenos Aires aprovecho para ver a mi familia y amigos, pero la verdad es que vine especialmente porque necesitaba hacerme chapa y pintura", bromea Romina, a quien la propuesta de trabajar en el extranjero le llegó en simultáneo con la desilusión de haber quedado afuera de Cabaret, el musical que coproduce Adrián Suar y que ella, en principio, iba a protagonizar.

- ¿Cómo es tu vida en México?
Estoy contenta, pero al mismo tiempo es raro llevar tanto tiempo viviendo en otro país. Al principio lo viví como un caos, porque tuve que acomodarme a la mudanza, aprender el código y, sobre todo, a la forma de trabajar, que es casi opuesta a la nuestra.

- ¿Opuesta en qué sentido?
En que acá se trabaja muy bien.

- ¿Y allá muy mal?
El tema es que manejan otros tiempos que resultan imposibles de entender por lo lentos. Hago el papel de mala en la novela Mientras haya vida, y me ha tocado estar 14 horas para grabar nada más que cuatro escenas, y no porque grabe con la pretensión de hacer cine. No sabés lo que me cuesta adecuarme a ese ritmo.

-¿Qué hacés para matar el tiempo?
Mato el tiempo con libros, la compu, la guitarra, el diario íntimo, llamadas por teléfono.

-¿Ni siquiera tenés con quien compartir lo que te pasa?
Siendo como soy, no tuve ningún problema en plantearles que no entendía por qué se trabajaba tan lento. Me la paso todo el día al mejor estilo: "La hora, referí". La verdad es que al principio estaba bastante tensa con ese tema y se me notaba, y después hablando con ellos, tratamos de llegar a un acuerdo.

- ¿Pudiste cambiar todo un sistema de trabajo?
Algo mejoraron las cosas. Por un lado, tuve que bajar el copete porque así no podía seguir. Llegué a un punto en que quería hacer la TV Azteca de nuevo. Y ellos también me entendieron un poco y desde entonces tratan de ponerle un poco más de ritmo. Estoy en otro país y no me quedan muchas más opciones que relajarme, comprenderlos y aceptarlos.

- ¿Estás sola o te fuiste con tu novio, el músico Limón García?
Estoy sola, sola, sola. Mis afectos, entre ellos mi novio, viajan todo el tiempo pero no es lo mismo. Soy una persona a la que le gusta estar sola, pero así y todo, el primer mes me quería matar. Un día me reía y al otro lloraba. Después me fui acomodando y creo que la experiencia vale la pena. Una mudanza por sí sola genera un trastorno emocional. Me fui de mi casa con seis valijas, y a eso sumale mudarse a otro país tan distinto al nuestro, más allá del idioma. Ahora que llevo tres meses estoy mucho más acomodada, aunque cada tanto me pasa que me levanto un día y me pregunto qué corno estoy haciendo ahí, que pasaría si estuviera en Argentina.

- Encima, cuando te fuiste venías de vivir un trago amargo cuando te sacaron de Cabaret.
Estaba en un momento malo, sí, pero evidentemente no tenía que estar en ese proyecto y ahora pienso que no hay mal que por bien no venga.

- ¿Te hiciste un poco famosa en México?
Algo me reconocen en la calle. Lo que pasa es que los mexicanos ven mucha telenovela, y encima hay 100 millones de personas solamente en el DF. Allá todos ven novelas. Mujeres, hombres y chicos.

- No cualquier novela: auténticos culebrones.
Totalmente. La mala es muy mala y la buena, directamente virgen. Culturalmente es un país muy diferente, muy católico, donde la mujer recién ahora se está independizando y los hombres son muy machistas, al punto de que hay muchos golpeadores y con problemas de alcoholismo. No digo que acá no pasen esas cosas, pero la mujer argentina es mucho más independiente con su carrera, hijos y con su cuerpo.

- ¿Esas cosas hacen que pongas una fecha de regreso?
En principio, como apareció la propuesta de una película y hasta la posibilidad de grabar un disco, entiendo que mi regreso para enero quedó postergado. Convivo con la felicidad de que se me cumplan deseos como el de hacer cine, con la angustia que me provoca no saber cómo sigue mi carrera y mi vida.

- ¿Cada cuánto viajás para estar con tu familia?
Tengo varios pasajes que me regala la aerolínea Mexicana, a través de TV Azteca, así que hago viajar a una banda de gente para allá. Mis padres, amigos, mi novio. Sola no estoy casi nunca.

- ¿El noviazgo resistió bien la distancia? Cuando te fuiste no llevabas mucho tiempo de novia.
Cuando me fui hacía siete meses que estábamos de novios. La distancia no es fácil para nada, pero la vamos remando.

- ¿El te lleva una diferencia de edad importante, no?
Eso también. El tiene 54 y yo 30. Pero todo bien, nunca tuve prejuicio con ese tema y desde chica salí con parejas 10 o 12 años mayores que yo. Es un tema que ni pienso. Hay gente de 20 avejentada en el alma y gente de 50 con una filosofía de vida maravillosa. Me fijo más en estas cosas que en el envoltorio.

- ¿Limón tiene hijos?
Sí, de mi edad. Pero está bueno, porque charlo con ellos y me re entiendo.

- ¿Tenía que ser un músico tu novio?
Tenía que ser artista. Dentro de ese universo, podía ser de cualquier palo. Hoy no podría estar con una persona que medianamente no entendiera lo que me está pasando. Y, en ese sentido, mi novio es un gran apoyo.

-¿Tu familia tampoco tuvo el prejuicio respecto de la edad de tu pareja?
No, para nada. Mi viejo y mi novio se enganchan a hablar y está todo bien. Incluso, de cosas que apenas toco de oído.

- ¿Cómo quedó tu relación con Adrián Suar?
No terminé enojada con la producción de Cabaret, pero sí desilusionada de mucha gente, dentro y fuera del proyecto. A veces uno necesita pegarse la cabeza contra la pared para darse cuenta de las personas que tenés al lado, que en algún momento te dijeron que te querían. Fue un momento muy difícil del cual recién ahora me estoy levantando. Cuando quedé afuera de Cabaret pensé que Dios me había sacado de ese proyecto porque no tenía que estar, pero me preguntaba por qué de esa manera tan cruel. Pasaron muchas cosas que no terminé de entender. Y si bien no me puedo enojar, sí siento que fue injusto y por eso hoy ese tema está en manos de mis abogados.

-¿Estás en juicio?
Juicio no. Estamos en audiencias con Adrián y con la gente de CIE Argentina, la otra productora.

-¿Por qué los demandás?
No conozco exactamente la figura legal porque es un tema que manejan mis abogados y mi papá mientras yo estoy en México. Pero, entre otras cosas, los demando por expectativa de trabajo. Trabajé en la obra, me saqué fotos, hice promoción, es decir, le dediqué muchos días a ese personaje.

-¿Nunca pudiste conversar con Suar y aclarar el asunto?
Tuve un primer diálogo con él, pero nada pasó.

- ¿O sea que cuando vuelvas las puertas de Pol-ka no estarán abiertas?
Tampoco está mal mi relación con Adrián después de lo de Cabaret. Solamente que me parece sucedió algo y tienen que reverlo. Para mí, el hecho de poner abogados es una manera de que lo revean.

Revista Pronto (01/08/2007)