Entrevistas


Hoy mi único termómetro es la felicidad - Revista Luz (21/01/2016)


En 2015 se sintió obligada a elejarse de la actuación por graves ataques de pánico. Hoy, a sus 39, está dispuesta a volver, y por partida doble. A su protagónico en La Momia, comedia teatral que ya fue un éxito en londres, le suma La Rayada, el primer disco de la banda homónima que formó con su pareja, el guitarrista Oscar Rigui. En esta nota, desmenuza con total franqueza sus crisis, sueños y alegrías.

Por PABLO STEINMANN

Se ríe, llora, habla rápido y luego un poquito más despacio. También introduce a la charla largos silencios y hasta se da el tiemop y las ganas de indagar en la vida de todos los que se cruzan por delante. Así es Romina, la actriz y cantante que no reniega de su intensidad y que está dispuesta a encarar un 2017 a pleno. Para empezar, con la obra La momia, adaptación local de un éxito de Londres que la tendrá como única heroína en un elenco plagado de hombres (Fabián Mazzei, Mariano Torre y Adrián Navarro, entre otros), Dirigida por Alejandro Lavallén (y con la música y los efectos especiales como gran condimento), la comedia escrita por Jack Milner llegará el miércoles 11 de enero al escenario del Teatro Metropolitan Citi. "Será un verano en la ciudad, pero muy feliz", comenta Romina y agrega: "Necesitaba volver con una obra así, una comedia que me haga reír y sonreir, sobre todo despue´s de haber hecho dos dramas seguidos en el San Martín" (N. de la R: Recordando con ira y Triste golondrina macho). En pareja con el músico Oscar "Osky"Rigui (su compañero también en su incipiente aventura rockera, La Rayada), Romina no siente que sea su gran vuelta. "Me parece que no me alejé tanto de la actuación, aunque para mucha gente es evidente que si. Supongo que lo ven así porque me bajé antes de la novela Noche & Día por problemas de salud. Fue la primera -y espero la última- vez que abandoné un trabajo en mi vida", sentencia.

-¿Te costó tomar esa decisión?

No, en absoluto. Pero porque realmente se trataba de causas mayores. Primero la muerte de mi viejo y segundo todo ese proceso de ataques de pánico que fueron muy duros para mí. Recuerdo que de chica solía burlarme mucho de una amiga que decía que sufría panic attacks. Creía que eran una pavada, un invento. Hasta que me pasó. Y ahí me cayeron mil fichas juntas. A mi amiga, obvio, le pedí perdón (ríe).

-¿Qué sentías, que te morías?

No, no me agarró por ese lado. Sí tenía ataques de llantos muy, muy fuertes. Casi siempre a la noche. Empezaban con una sensación de caída en un precipicio y terminaban con parálisis en los brazos y las piernas y mucha sudoración. Al día siguiente llegaba a Pol-ka con la cara toda hinchada del llanto. A los cuatro meses le dije a Adrián (Suar): "perdón pero no puedo seguir". En el medio, además, había sucedido algo muy raro. Que me angustió el doble. Casualidad o no, los autores de la tira decidieron escribir que el papá de mi personaje había muerto. Todo emepzó a tornarse en algo muy morboso. Tenía escenas de las que no me reponía después de dos horas de llanto. Iba de crisis en crisis. Te lo cuento y se me hace un nudo en la garganta.

-¿Tenías una relación muy cercana con tu papá?

Sí, muy cercana. Mi papá era un fanático absoluto del jazz, daba conferencias en todo el país, era una eminencia. Es a raíz de esa pasión que yo me acerco a la música, sin dudas. Recuerdo que él siempre me decía en broma: si no cantás como Ella Fitzgerald o Billie Holiday, directamente no cantes. El disco está dedicado a él, por entero... (interrumpe y comienza a llorar). El siempre me decía "viva el jazz", así que esa es la frase que cierra el album: "viva el jazz".

- Imagino que habrá sido bastante catártico para vos grabar el disco.

Totalmente. Y gracias a ese largo proceso es que hoy estoy mucho mejor. Me acuerdo que apenas pude, viajé con Osky a Los Ángeles, a que el gran Anibal Kerpel nos hiciera la mezcla del álbum en los estudios que tiene allá Gustavo Santaolalla. Un lujazo. Tanto Osky como yo dejamos todo en el disco. Y lo digo también en forma literal, todos nuestros ahorros fueron hacia ahí... (ríe).

-¿Por qué el nombre de la banda, La Rayada?

Lo puso Adrián Suar. Pero ojo que fue antes de mi crisis. ¡eh! (ríe a carcajadas). Recuerdo que estábamos charlando sobre la novela Rayuela y cuando le conté que estaba con una banda que todavía no tenía nombre me dijo: "La rayada". Y me gustó. Y a Osky también.

-¿Pero sos algo rayada o no?

Muchos dicen que sí, pero a mi me gusta pensar que en todo caso soy una rayadita copada. Una loca linda, luminosa.

¿Ciclotímica quizás?

¡Por suerte! Y no la careteo, siempre voy a preferir mostrarme tal cual soy y estoy. Si ese día no tengo onda, te lo aclaro y listo. No voy a ser nunca de esas que todo el tiempo sonríen felices de la vida.

-Algo que se ve a diario en las redes sociales...

Sí, por eso cuando estoy para abajo ni siquiera entro ahí... (risas)

-Muchos descreerían de la idea de juntar trabajo y amor. ¿Cómo concilian ambas esferas con Oscar?

Y... nos agarramos de los pelos, pero bien. Yo soy brava y Osky también. Los dos vamos a los talones.

-¿No te da miedo no poder volver de una pelea muy fuerte?

No, ya llegué a la conclusión de que no puedo estar con alguien que sea muy zen. Necesito la cosa fogosa.

-¿Es la pareja con la que más tiempo estuviste, no?

Si, ya van cinco años... Es extraño pero yo siento que es un noviazgo reciente, como si el tiempo no hubiese pasado para nada. Y lo más loco de todo, es que ¡sucedieron mil cosas en el medio! Quizá por eso mismo tenga esa sensación.

¿Planean casarse?

No, ni pienso en eso. Si surge, ok. Peor hoy no está en mi cabeza. Cuando hay hijos, me parece algo más relevante. Pero ahora... lo que no me imagino jamás es un casamiento en una capilla ni nada por ese estilo. Creo en Dios pero no en la Iglesia. Prefiero que me case un amigo.

-Nombraste hijos, ¿es un proyecto cercano?

Si, re. Igual es algo que viene solo. O planeado, no sé. (ríe). La verdad es que los dos tenemos muchas ganas de ser padres. Él ya tiene hijas grandes, adolescentes, pero los dos queremos transitar ese proceso juntos.

-La adolescencia es una edad difícil, ¿cómo fue la tuya?

Bastante tranquila. Además de "adolescer" -como cualquier joven a esa edad- no hice grandes desmanes. Además, siempre fui muy amiga de mis papás. Supongo que ellos habrán sufrido un poco mis salidas y mis llegadas a la madrugada. ¡Ah! Y siempre fui de tener novios grandes. Eso quizás les habrá ocasionado ciertos mieditos.

-¿Con Oscar (56) se siente la diferencia de edad?

Muy poco. Él quizá tiene otros ritmos. Y de ciertas csoas ya se aburrió. Yo subiría al Cerro Uritorco una y diez veces. Osky me mira y me dice: "ni en pedo". Pero lso dos somos de ceder y entender al otro bastante. Apostamos al compañerismo a full. Hay una palabra que no muchos utilizan en el amor pero yo sí: "amistad". Yo quiero ser amiga de mi pareja, que me entienda, me banque, me deje ser. La cosa simbiótica no me va.

-Tenés 39, ¿te molesta la cercanía con los 40?

No, para nada. Soy cero enroscada con la edad. Me encanta ir encontrando distintos desafíos a medida que pasan los años. Desde producir un disco con Osky, hasta actuar, cantar, salir de gira... Y el día de mañana puede ser otra cosa, quizá abandonar todo e irme a vivir afuera, qué se yo. Pondría un lindo parador en una playa de México. Es la fantasía de todos, ¿no? (sonríe). A lo que voy es que no temo cambiar este camino por otra cosa. Es divertido pensar y vivir así, le quita peso y dramatismo a las cosas. Hoy mi único termómetro es la felicidad. Se lo comentaba el otro día a Osky y te juro que lo siento así. Lo que te pone contenta, contenta de verdad, eso debe ser tu camino.

-¿Miedos tenés?

No, aunque hace poco me dijeron que los ataques de pánico nunca se van del todo. Un copado el que me lo dijo, ¿no? (ríe a carcajadas). Lo cierto es que ni siquiera esa idea me produce miedo. Tampoco soy de ponerme grandes metas o sueños por delante. De chica tenía uno que se está cumpliendo: formar parte de una banda de rock. Para mí eso ya es tocar el cielo con las manos. Muchas veces estoy cantando un tema y me agarran unas ganas tremendas de darme vuelta y gritarle a toda la banda: "loco, ¡muchas gracias!".

Mini Vacaciones

Obligada a permanecer en Buenos Aires con La momia, Romi hará pequeñas escapadas (lunes y martes) al mar. ¿Punta del este? No, con picardía cuenta que le bastó una sola temporada en la ciudad uruguaya (en la época que salía con el relacionista público Hernán Nisenbaum), para no querer volver nunca más allí. Su elegida es "La Feliz" Mar del Plata, ciudad en la que su madre alquiló casa y a la que irá para descansar y practicar otra incipiente pasión: el surf: "No te digo que me despertaré a las 5 de la mañana pero sí a las 7, ya asumí ese compromiso con mi profesora de surf y todo", remata.

Revista Luz (31/12/2016)